Hemingway y un texto desde Canarias.

Rescato este texto sobre El viejo y el mar. Y digo lo rescato porque tanto se ha dicho sobre el y se sigue hablando que es importante tenerlo presente como modelo no solo literario sino también vital. El “pez de Hemingway” como llaman algunos sirve demasiadas veces para diversas analogías y el rol de Santiago se revaloriza con las vivencias que la misma existencia va signando a cada uno.
El texto que sigue es de un canario como Gregorio Fuentes (para cuantos el alter ego de Santiago!). El autor, Profesor Bruno Juan Álvarez Abréu logra una nota breve y emotiva sobre la obra casi insigne de Hemingway. Por si fuera poco, agrega de un paisano suyo que ya apareció en este blog, el Ingeniero Isidoro Sánchez García, una foto para mi memorable como es la que acompaña el texto. En la imagen aparece don Gregorio con Sánchez García cerca de Diciembre de 1998 en Cojimar en la casa del capitán del Pilar. Sánchez García visitaba con frecuencia Cuba y allí a su compatriota famoso por su relación con Ernest Hemingway.
Agradezco al Profesor Álvarez Abréu la autorización para reproducir el texto y la foto aparecidos en su blog www.efemeridestenerife.blogspot.com.

martes, 2 de agosto de 2016
EL VIEJO Y EL MAR

EL VIEJO Y EL MAR

Fotografía que remitió entonces el amigo desde mi infancia de la calle El Calvario de la Villa de La Orotava; Isidoro Sánchez García, en unos de sus viajes que realizó a la isla caribeña Cuba se entrevistó con Gregorio Fuentes (personaje inspirador de esta gran novela caribeña) en su casa de Cojimar (La Habana)

 

Es una historia escrita por Ernest Hemingway en 1951 en Cuba y publicada en 1952. Fue su último trabajo de ficción importante publicado en vida y posiblemente su obra más famosa.
Aunque la novela ha sido objeto de numerosas críticas, es considerada como uno de los trabajos de ficción más destacados del siglo XX, reafirmando el valor literario de la obra de Hemingway. La novela ha sido llevada al cine en numerosas ocasiones siendo la adaptación de 1958 protagonizada por Spencer Tracy una de las más populares y conocidas.
En 1953 Hemingway recibió el Premio Pulitzer y el Nobel de Literatura al año siguiente por su obra completa.
El amigo y convecino de la calle El Calvario de la Villa de La Orotava Ingeniero de Montes Isidoro Sánchez García en unos de sus viajes que realizó a Cuba se entrevistó con Gregorio Fuentes en su casa de Cojimar (La Habana), personaje en el cual se inspiró el recordado dramaturgo norteamericano Hemingway, para realizar esta importante obra EL VIEJO Y EL MAR, cuyo argumento está basado en la vida de un pescador, ya anciano, que se encuentra en una época en la que recuerda su vida pasada con amargura ya que se encuentra falto de suerte y con las fuerzas muy reducidas para seguir con su labor. El joven que ha estado trabajando con él, hasta que sus padres se lo han retirado por su mala racha, sigue siempre dispuesto a ayudar, cuidar y aprender de la experiencia del viejo, a pesar de que con su nuevo patrón suele obtener abundante pesca.
Cuando los personajes están establecidos, nos adentramos en la aventura del viejo, que, tras 84 días sin lograr pescar nada, se adentra solo en el mar y finalmente encuentra un pez enorme, que solucionaría todos sus problemas, y que le devolvería la gloria de sus tiempos pasados. Tras mucho luchar y sufrir, consigue hacerse con el pez, que es incluso mayor que la propia barca. Durante toda su lucha, vemos como recuerda y echa de menos al joven que le ayudaba, y también recuerda sus épocas de joven.
Durante el camino de regreso a casa, el viejo se encuentra con multitud de tiburones, quienes poco a poco van devorando al pez, y lo van dejando sin carne.
Cuando el viejo regresa, el pez está totalmente irreconocible, los tiburones se han comido todas sus entrañas y ya no queda nada. A pesar del aparente fracaso, el viejo, gracias a su hazaña, recupera el respeto de sus compañeros y refuerza la admiración del joven que decide volver a pescar con él.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

–==(=)==–

“Papa: Hemingway in Cuba”: Una película para comentar

Parece que no hay interés ni apuro para comentar o reflexionar sobre la película “Papa: Hemingway in Cuba” sobre la cual hicimos referencia en una nota del mes pasado. Salió de Cuba y pasó a los cines de Estados Unidos. No se como será su distribución si es que hay alguna. Personalmente, todavía no he podido verla y por lo tanto apreciarla de primera mano, pero los ojos críticos de los especialistas, que desde luego no son los míos, no son alentadores.
Mi idea personal es que no se trata de que el tema no sea interesante, o los directores no sean capaces o los guiones no sean adecuados. Creo que no basta eso. Me impresiona que Hemingway no es totalmente incorporado como persona y solo basta de el una mirada sesgada o concepción superficial que no alcanza a dimensionar como el “ser humano que fue”. Hemingway es uno de los grandes de la literatura norteamericana y sino les molesta a algunos, también de la literatura mundial. No lo es por el Pulitzer o el Nóbel. Ellos están por su valor artístico y su transcendencia incluso en el ámbito del periodismo, del estilo como tal.
Para el caso de la película he aguardado y leído comentarios de especialistas. Me quedé con uno para mi archivo personal y lo comparto. Diría que es severo. Si. Pero debemos ser también sinceros con nosotros mismos. Por ejemplo un lector del artículo escribió un comentario a propósito que vio el “trailer” de la película y observó (que puntual ¿No?) que el tradicional malecón de La Habana no se ajustaba a los tiempos históricos de la filmación ya que ni siquiera habían “borrado” los mástiles del Protestódromo que es actual (sic). ¿Es la única falla? Impresiona que no. Sigue leyendo

Siempre tendremos a París

El mundo nada puede contra un hombre
 que canta en la miseria.
 Ernesto Sabato (La resistencia,2000)

Las amenazas y el miedo provocan reacciones disímiles. Pero hay algo que trasmite libertad. Hay algo mas allá de las bombas, las balas y la gran tragedia humana de la guerra. Una guerra eterna sin paz. Hay elementos, hechos curiosos que pasaron con las torres gemelas, que pasaron con el ataque a Atocha, que ahora pasa con París. Pbusero ese  mundo de París reaccionó con algo que, como las armas que hemos fabricado, los humanos también hemos creado: La cultura.

Cuando en enero la revista satírica Charlie Hebdo fue atacada y hubo más de una docena de muertos, al horror siguió el pánico y el miedo generalizado. No se esperaba un ataque a una revista satírica que lejos de ser la única era una más de las tantas en la República de Francia. Pero sufrió la fatwa es decir el castigo para los que se consideraba que habían ofendido al Islam. Entonces muchos recordaron a Rushdie y sus Versos Satánicos y las consecuencias en diferentes países del mundo. Pero aquí se produjo un fenómeno diferente: La gente quedó conmovida por el hecho es cierto pero se dirigió a las librerías a comprar……Si, aunque parezca un engaño el tratado de Francois Marie Arouet más conocido como Voltaire, titulado “Tratado sobre la tolerancia” ¡Publicado en 1763! Nadie dijo, ¡Cuánto tiempo! Sino más bien ¡Que importante para nosotros lo que este hombre escribió hace casi cuatro siglos! Es que allí estaban las bases de una convivencia mas justa, más equilibrada. El análisis del fanatismo quizás tenga allí un discurso actual, considerando al fanatismo en cualquier ámbito, sea político, religioso o social. Pero el parisino sintió la necesidad de ser asesorado y aconsejado no por un cualquiera. Buscó el respaldo de su cultura centenaria, pues no era solamente el ataque a un medio de expresión lo que conmovía su espíritu, sino que era a la república que siempre veló por la tolerancia y la convivencia a la que en última instancia debía sentirse como agredida. Charlie Hebdo era parte de esa república. Voltaire había escrito mucho sobre ello y lo coronó con su tratado. ¡Había que recurrir a él, había que leerlo o releerlo como otra forma de mirar, comprender y entender este caos!

El mismo Voltaire dejó un pensamiento memorable, actual y terrible: “La civilización no suprime la barbarie, la perfecciona”.

Meses después y a días de una conmoción similar y también cruenta, con un rosario de atentados, amenazas, movilizaciones militares y con dolor, con mucho dolor y miedo, los parisinos quieren volver a vivir, a pasear, a soñar. Esta vez los objetivos fueron un teatro lleno, uno o dos bares atestados de gente y un estadio repleto en el que estaba el Presidente de la Republica Francesa Francois Hollande. Hubo centenas de personas entre muertos y  heridos. Desesperación, cólera y llanto. París parecía no ser el mismo.

Pero no fue así. París quiso ser el mismo. Entonces allí, en los lugares de los atentados en donde la gente ponía flores y encendía velas en homenaje, en recuerdo, por los muertos y heridos, muchos agregaron un libro. ¡Otra vez un libro en medio del caos, la sangre y la tragedia! Un libro que reflejaba que París era una fiesta, una fiesta movible que no se detenía nunca y que tú siempre recordarías a París aun cuando no lo hayas caminado por esas calles viejas, empedradas, o hayas admirado la Torre o cruzado un puente y mirado el Sena no como un extraño, sino como un compañero o como un amigo capaz de interrogarlo y hasta recibir una respuesta te halles donde te halles y en la margen que elijas. No importa sino probaste un fin à l’eau  en un cafetín cerca del mediodía y te regodeaste como si fueras James Bond. No importa nada. Allí está París. Metido dentro tuyo.

Por eso la gente compró y llevó el libro de Ernest Hemingway y lo dejó junto a las flores y a las candelas. “París era una fiesta” o el título original  “A moveable feast” se vendió por millares y los parisinos levantan el libro en el minuto de silencio en  los homenajes a las víctimas. París, más Francia que nunca, también cantó la Marsellesa mientras abandonaba el estadio    que había sido agredido por los extremistas. Como en la película Casablanca mientras los alemanes cantaban sus canciones en medio del silencio del público, Víctor Lazlo (Paul Henreid), el rebelde, le pide a la orquesta en Rick’s tocar la Marsellesa. El director mira al dueño (Humphrey Bogart)  y este asiente con la cabeza. El público entona el himno de pie con devoción, coraje y emoción. En el estadio pasó lo mismo, solo que la canción patria fue entonada a capella y sin que nadie lo pidiera. Fue entonada por convicción. En ese momento ya eran combatientes por la república agredida

Hemingway trabajaba en este libro como en otros al momento de morir. Eso lo atestigua la gran producción pos mortem por épocas distintas. Hay todo una movida desde el rescate del texto, si así se quiere llamar, por Mary Welsh, cuarta y última esposa del escritor hasta llevarlo a Scribner’s la editorial cuyos dueños eran grandes amigos y consejeros del escritor. Una selección del texto salió anticipadamente en la revista Life  en abril de 1964 y luego tomó la forma de libro definitivamente como se lo conoce hoy. En su momento tuvo una venta excepcional lo que significó una muy buena renta.

El libro recoge las experiencias del escritor en el momento más bello de ese París romántico, bohemio y revolucionario desde todo punto de vista. Es el París de los años veinte. Imposible “ser alguien” en el mundo de la cultura, del arte, de las letras, sin haber estado en París. Pero a la vez París era un desenfreno de sentimientos encontrados que se iban puliendo a si mismos. Y eso era lo importante. La ruptura de los moldes, la construcción de nuevos, en la pintura, en la literatura, en la música, en la escultura. Allí estaban todos. Allí estaba el secreto. Había que estar en París pero luego París jamás te abandonará. Lo llevarás contigo siempre. Ese es el mensaje.

El escritor argentino Ernesto Sabato dice de este libro: “Leí el inolvidable París era una fiesta varias veces, siempre con el mismo interés. Es un testimonio donde este genial escritor plasmó su fe inquebrantable en los hombres que tienen el valor para no claudicar. Los que, en medio de la pobreza y el frío de los inviernos sin calefacción, siguieron viviendo y escribiendo intensamente, dando un lugar a la creación por sobre todas las cosas. Un testimonio de aquel París que yo conocí como científico del Institut Curie, y que ya no conoceremos más”.

El talentoso director de cine Woody Allen se vale de ese momento excepcional de la vida del arte y la cultura y lo toma como un tema principal en su película “Medianoche en París”. Allí capta con su estilo personal, algo de lo que fue ese momento haciendo jugar a los actores, a veces por instantes muy breves, roles excepcionales. Pero le dedica a Hemingway un papel más central entre los redivivos personajes. No siempre ha sido entendida por algunos espectadores, la dimensión de esta fractura del tiempo en la película de Allen ya que no relacionan aquel momento o no han leído “París es una fiesta” o no saben con precisión lo que fue la “Generación perdida”.  No importa, allí está París.

Pero hay algo más importante en todo esto. No es la cultura frente a la barbarie como muchos expresan. Es una cultura contra otra cultura. Ambas con sus grietas e historias trágicas. La convivencia entre las naciones vacila. El entredicho también involucra  al concepto de nación-cultura. La historia de la humanidad muestra que las guerras solo han dejado como enseñanza fundamental su fracaso. Con cierta agudeza, que le era muy propia, Oscar Wilde supo decir: “Mientras la guerra sea considerada como mala, conservará su fascinación. Cuando sea tenida por  vulgar, cesará su popularidad”.

Es posible que leer a Voltaire o a Hemingway sea la búsqueda de una esperanza. Es también la concepción de una utopía. Como lo es por ejemplo la magistral idea  de Barenboim  y Said al crear la Orquesta del Diván de Oriente y Occidente donde jóvenes palestinos y judíos convergen con sus instrumentos en melodías sinfónicas de todas las épocas y naciones. Pero quizás todo ello solo demuestre que aún con todas las que existen faltan utopías. También se puede pensar que el mundo necesita de la utopía para vivir. Quizás la mayor de todas, la que debe ser universal, sea la de la convivencia en paz y equidad entre todas las naciones del orbe.

Si has leído esto y caminas por París no te resultará extraño que en una esquina de Montparnasse, escuches las campanas de medianoche,  quieras cruzar la calle y te lo impida un De Dion Bouton de la década del veinte atestado de gente bebiendo, fumando y riendo a carcajadas.

Mientras tanto, París seguirá viviendo. Y pasan muchos hechos. Algunos extraños. Cito uno solo. El caso del empleado que va caminando por la calle mascullando contra su jefe, sus compañeros y contra los asesinos de sus amigos. Va hablando del hastío que siente. Habla solo todos los días en el mismo recorrido. Otra vez le toca la zona de las vidrieras espejadas que reemplazan a las originales voladas por las ondas expansivas de las explosiones Odia mirar en ellas su aspecto de derrotado. Por eso su único objeto visible es el suelo. Pero en un momento, distraídamente, mira a la vidriera y en el espejo ve una mujer que camina a su ritmo y que cada tanto le observa. Es atractiva. Usa un conjunto de chaqueta y falda de Cocó y lleva un portapapeles como el suyo. Mira la calle y ella no está. Se vuelve a la vidriera espejada y ella se encuentra. Comienza a caminar y ella también lo hace. Se detiene y otra vez la imagen lo imita. Le llama la atención esto. Se acerca a la vidriera y ella camina hacia el y se detiene. Guiña un ojo picarescamente, se sonríe, hace un chasquido con los dedos y le hace un gesto con la mano pidiendo que se acerque. Cuando el lo hace, ella solo le susurra: Siempre tendremos a París.

–==(())==–

1 Nota del autor:
El título ha sido tomado de Casablanca . Creo que es  la segunda película más famosa del mundo. Es más preciso que decir “…siempre nos quedará París” muy empleado en español. A propósito: Un filósofo utiliza como título de un libro esta última expresión y un novelista titula su novela en inglés “As time goes by” pero su versión en español emplea la mentada frase.

La regata Pensacola-La Habana: Hemingway, Estados Unidos y Cuba.

Podría considerarse solo como una noticia deportiva. Pero lo real  es que la regata del título de esta nota y las competencias del futuro también, trasuntan un incremento de navegantes de Estados Unidos que ponen proa a Cuba tras los recientes acuerdos de los presidentes de ambas naciones. Allí, entre esa mar que separa a los países, se halla una figura de la literatura mundial que se encargó en su momento de recorrer esas aguas en busca de peces pero también en una búsqueda de si mismo en un barco llamado pilar. No es otro que Ernest Miller Hemingway.

Hoy los viajeros se encuentran en Cuba con una “Ruta Hemingway” que incluye desde luego lugares como el hotel Ambos Mundos, el Floridita y sus daiquiris, la Bodeguita del Medio y sus mojitos y luego Cojimar y Finca Vigía. Pero antes de  estos dos puntos el viajero se encuentra con una Habana renovada, con sus muros recuperados, sus yacimientos arqueológicos estudiados y entre otros un Museo de la Ciudad infaltable para pasar una tarde o una mañana. Todos lugares que Hemingway no conoció. La UNESCO participó activamente en la recuperación del patrimonio histórico(Patrimonio de la Humanidad) y Hemingway no reconocería esa Habana que el dejó allá por el final de la década del cincuenta y le encantaría la de hoy.

Los navegantes que cruzan de Pensacola en la Florida hasta la Marina Hemingway en La Habana se encuentran con un puerto equipado para recibirlos y poder a partir de allí disfrutar la estancia en Cuba. Que no es solo la bella capital sino que también hay decenas de lugares con atractivos autóctonos que convocan al turista, al interesado por la historia o por la naturaleza.

La cuestión es que los navegantes arriban al Club Internacional Hemingway situado al oeste de la capital y los recibe su Comodoro Don José Miguel Díaz Escrich una destacada figura de la náutica de Cuba. El club fue fundado hace unos 23 años y fue creciendo institucionalmente en la organización de eventos deportivos náuticos. El tema es que ahora superan con mucho todos lo programas anteriores.

De la regata actual Pensacola- La Habana (que abarcó del 31 de octubre al 8 de noviembre) hay otra prevista para antes de fin de año con la ruta Key West-La Habana(17 al 21 de noviembre) y nada menos que once más solo desde Estados Unidos a Cuba para el 2016 sin contar los concursos de pesca.

A todo esto, una docena de veleros procedentes de Estados Unidos compitieron en la regata denominada “Castillo del Morro” con una boya de viraje en una zona emblemática como es el conocido “Castillo de los Tres Reyes”. El balcón adecuado para este escenario no es otro que el litoral marítimo que bordea el Malecón habanero por ocho kilómetros y es un  símbolo ligado internacionalmente a la capital Cubana.

Hay que aguardar que iniciativas similares lleven a los cubanos a territorio norteamericano y visiten por ejemplo Key West que, de paso, también disfrutarán de una ruta Hemingway con anécdotas por doquier y la casa y estudio del escritor. Allí serán recibidos sin duda por los gatos con seis dedos que se familiarizan con todo el mundo que los visita.

No hay que olvidar que desde Key West Hemingway empezó a gozar del mar. Y esos periplos que transitaron al comienzo por los alrededores de ese lugar, luego se extendieron a Bimini en Bahamas y más tarde a La Habana, Cojimar y los cayos cubanos. También en esa zona el Pilar tuvo su bautismo de mar. Todo ello no es poca cosa frente a las historias que esconden estos bellos lugares.

–==(())==–

Ernest Hemingway ya está en Nueva York: Una muestra excepcional lo tiene como protagonista.

Hace cincuenta y cuatros años yo buscaba a Ernest Hemingway por algunos sitios en Nueva York. Físicamente el ya no estaba y debí contentarme con testimonios, opiniones y algunas publicaciones. Hoy  una muestra de características únicas, por varios motivos, lo devuelve espiritualmente a la Gran Manzana. Siento particular alegría por ello.

La bellísima y magnífica Biblioteca y Museo Morgan de Nueva York  y la Biblioteca Presidencial y Museo John F. Kennedy de Boston, que guarda el archivo más completo sobre el escritor, se han unido para organizar la muestra “Ernest Hemingway: Between two Wars”-“Ernest Hemingway: Entre dos guerras” que se desarrolla en el mencionado museo Morgan desde el 13 de octubre del año en curso hasta el 31 de enero de 2016.

No es una muestra más de la famosa institución neoyorkina que siempre tiene un intenso programa anual. En este caso es la primera muestra sobre Hemingway que se realiza en Nueva York desde su fallecimiento en 1961. Hay más de medio siglo de por medio. Por ello es tan significativa considerando además que el protagonista, Ernest Hemingway es cada vez más recuperado por los lectores. La vigencia del escritor parece renovada cada vez que se le menciona.

Los organizadores no vacilaron en recurrir al archivo más importante y completo sobre el escritor: La Biblioteca y Museo Kennedy en Boston guarda muchas de las perlas del collar  que fue la vida de Hemingway.

La coordinación entre estas dos grandes instituciones ha sido fundamental para poder mostrar al mundo borradores, cuadernos, manuscritos con tachones y también versiones dactilográficas con no menos correcciones. Todo ello si se tiene en cuenta que Hemingway fue un obsesivo del estilo que ha dejado lecciones para cualquier escritor en desarrollo. La exposición muestra listas de “posibles” títulos para relatos. Si bien se puede decir que no siempre estaba seguro de si mismo, como alguno puede opinar, considero personalmente que primaba en él el concepto flaubertiano de la palabra justa. Sin contar que confesaba que recortaba todo lo escrito hasta quedarse con un diez por ciento del total del texto. La exposición muestra a la vez detalles. Hace tres años se editaron los “47 finales “de “Adiós a las armas” y esta muestra exhibe por lo tanto material original relacionado con ello.

El material fotográfico es también original y a la vez hay fotos muy conocidas para los seguidores del escritor y otras no tanto. Allí aparece una foto de Hemingway a bordo de su barco Pilar con Carlos Gutiérrez, un pescador que podría ser una persona desconocida y pasada por alto de no ser que algunas fuentes lo identifican como un modelo que tomó el escritor para –nada mas ni nada menos- “El viejo y el mar”. Para otros son Martínez y Fuentes los modelos y no pocos lo dejan solo a Fuentes. Sin embargo la historia no lo dice así.

La muestra es riquísima y con mucho material para hablar sobre ella. Como información anexa, parece que la misma comenzó a forjarse como idea en 2010, tras la muerte en enero de ese año del escritor norteamericano J.D.Salinger y la poca factibilidad de una muestra sobre él.

Además de la exposición hay una nutrida agenda de actividades complementarias. Como proyección de películas, conferencias con debates, concierto de un conjunto musical  y otras que van de octubre a diciembre incluyendo visitas guiadas.

En resumen: Un acontecimiento académico-literario que pone a Hemingway como protagonista en La Gran Manzana.

Corresponde también expresar lo siguiente: La importancia de la muestra es que el material expuesto proviene de un Hemingway en un período de gran potencial de calidad literaria. Es el período de forja del escritor, su estilo, su obra, su orientación, su método y disciplina que mantuvo hasta el momento de decir no va más justamente porque no podía ejecutarlo. ¡Y vaya que disciplina y que método! Hasta hace muy poco se han publicado trabajos de él que quedaron inconclusos o en borrador o en ideas sueltas o con miles de palabras. Algo de todo eso se ve en esta muestra. Creo que el valor de la misma subyace en estos aspectos. Es, al fin, un homenaje a un escritor norteamericano sensu stricto, que fue ciudadano del mundo y cuyas lecciones a futuros escritores están vigentes más allá de todas las imperfecciones humanas que poseía.

 –==(())==–

Para el Mes hemingwayano una reseña de un libro increíble: “Hemingway y los muchachos del barrio”

Cada vez me sorprendo más. Ha pasado algo más de medio siglo y aparecen obras como esta que  recupera para el mundo, para la historia y para los investigadores la figura de un Ernest Miller Hemingway con una dimensión humana sospechada pero no conocida.

Me siento parte de este pensamiento cuando inserté en este blog “Recuerdos de Ernest Hemingway. Apuntes autobiográficos” un documento que en algún momento roza el tema del Hemingway sensible. Son los cubanos radicados, algunos en Nueva York otros en Florida, quienes me comentan en aquel momento y me hablan de un Hemingway diferente, muy diferente al que muchos quisieron imponer.

En esta oportunidad un señor desconocido hasta ese momento, escribe a mi correo electrónico y me comenta de su libro. Ahora con motivo del Mes Hemingwayano le pido unas líneas y me envía algo más que ellas. Se trata de una reseña de su libro “Hemingway y los muchachos del barrio”, texto por el que estoy muy agradecido. El autor, Alfredo A. Ballester es cubano y se encuentra radicado en Miami. Ha publicado siete obras y ha sido reconocido por la Asociación Cultural UNESCO y la Academia de Artes y Ciencias, ambas de Puerto Rico. Asimismo es Mención de Honor en el concurso de narrativa ‘Importancia de la palabra’ organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano con sede en Argentina. Con su autorización brindo su correo para todos aquellos que quieran comunicarse con él: andrestorro@aol.com.      Aguardo a que este ameno autor vuelva a enviarnos  algún texto suyo relacionado con la vida y obra de Hemingway. He aquí la reseña acompañada de la tapa del libro en la que aparece Finca Vigía y el rostro de un niño que hoy, ya adulto, escribe y publica libros.

–==(())==–

HEMINGWAY, NUESTRO VIEJO AMIGO

El niño de la portada soy yo en aquella época

 

He escrito un libro titulado “Ernest Hemingway y los muchachos del barrio” que narra mis experiencias vividas con Hemingway cuando apenas yo tenía 10 años de edad, que junto a otros muchachos más entrábamos a robar mangos a la finca Vigía y que con el tiempo nos hicimos amigos del célebre escritor.

Que mejor para este “mes Hemingwayano” exponer al mundo que soy uno de los pocos  protagonista sobreviviente de quienes conocimos a Hemingway en persona. Que estrechamos su mano, que puso sobre nuestras cabezas esas manos que tanto dieron al mundo de la literatura.

Ha pasado más de medio siglo, y basándome en varios pensamientos de Ernest Hemingway, por fin los tomo muy en serio, llegando a la siguiente conclusión:
Primero, “he vivido la vida como para poder escribirla”. Segundo, “como escritor no debo seguir diciendo lo que he dicho y debo escribir lo que tengo que decir”. Y tercero, “me inspiro porque creo que ese alguien que debe tener las suficientes agallas de pensar para contar esta historia y seguir escribiendo, ese soy yo”.
Lo que he escrito, en este libro, primeramente es una novela en la cual atestiguo la realidad de algunos de mis años infantiles. También incluyo algunos testimonios de personas con la suficiente credibilidad, donde se respeta la veracidad de los hechos ocurridos en aquellos años, por lo que éstos, componen parte del contexto de la novela. Así como una segunda parte del libro, resumiendo temas relacionados a Ernest Hemingway, testimonios y curiosidades de la época, entrevista al escritor, errores y mentiras sobre Hemingway, sus temores, pensamientos y obras del mismo.
Los personajes son reales, con sus nombres verdaderos, incluyéndome a mí.
Mi experiencia de aquellos años 1956-1961, me dio la lección de que todos los seres humanos somos iguales, que la humanidad a veces da categoría de excepcionales a algunos, que se destacan por sus habilidades en la vida, y no estoy en contra de clasificaciones merecidas o no, pero sí aprendí, que conocer a una persona en su forma empírica, sin saber su pasado o presente, sea bueno o malo, nos da la medida de poder evaluar individualmente a cada uno, por
cada uno de nosotros. Y es el caso de este “señor alto, corpulento, canoso de cabellos y barba”.
Tuve la experiencia de conocer sin saberlo, a un célebre hombre de las letras, también de los deportes de la pesca y la caza. En el momento de conocerlo no era más que lo que era en realidad para mí: “un simple viejo barbudo y canoso”.
No pretendo relatar la vida de Ernest Hemingway, se ha escrito suficiente sobre este escritor Premio Nobel de Literatura del año 1954, pero es imposible, para quien escriba algo relacionado con este sobresaliente escritor, pasar por alto su vida, su obra, su personalidad, desenvueltas en la lucha entre la vida y la muerte, el triunfo de la victoria sobre la derrota.
Mi objetivo es dar a conocer como persona, algunas experiencias vividas de mi parte, y de otros muchachos, con este señor, que también fuimos parte de la vida de él y, por qué no, que los demás puedan conocerla o ser recordada por aquellos que hace más de medio siglo disfrutaron, como yo, esas aventuras, travesuras y experimentar que un hombre ya cerca de los 60 años de edad, pudiera mantener un alma de niño como la tuvo Hemingway.
Lo recuerdo más como cazador, independientemente como al hombre al que le robé sus mangos.
Si de algo nos hablaba era de sus cacerías, es posible que él supiera, que si nos hablaba de sus escritos como corresponsal de guerra o de sus libros ya publicados para entonces, incluyendo El viejo y el mar, el cual le proporcionó dicho premio Nobel, claro, ya había acumulado libros estrellas como Adiós a las armas, Por quién doblan las campanas, Las nieves del Kilimanjaro, y otros más, dentro de los cuales de una forma u otra el mismo autor manifiesta su personalidad, si nos hubiera hablado de eso, a nuestra edad, no le
hubiésemos prestado atención; en esos momentos, no comprenderíamos de guerras, periodismo, romances, etc.
Quizás deba significar algunas etapas relevantes de su vida, incluyendo alguna sinopsis de sus obras, porque existe la posibilidad que alguna nueva generación no conozca de ellas y sería muy bueno que este libro, que escribí, inspire, abra el deseo de algún joven, a conocer excelentes obras y saber de la vida de un hombre, que su final no fue natural, propiamente: “se la quitó”.
En mi primer libro Memorias de Abecedario, en el capitulo XI: ¿qué compartí con Hemingway? (pág. 261-268), narro algunas de las experiencias vividas de las cuales doy lujo de detalle en este presente libro que podrán disfrutar amenamente.
“Conocer a un hombre y conocer lo que tiene dentro de su cabeza, son asuntos diferentes” expresó Ernest Hemingway y ciertamente cuando lo “conocí” personalmente, siendo aún un niño, entre los 7 y 11 años de edad, no conocí “lo que tenía en su cabeza” llegando a la conclusión, después de pasado los años, que él tenía razón, cuando expresó, al pronunciar su discurso de aceptación al Premio Nobel de Literatura en 1954, que:
“Como escritor he hablado demasiado .Un escritor debe escribir lo que tiene que decir y no decirlo.” Digo esto, porque llevo unos 55 años contando por ahí mis experiencias vividas, con este ilustre escritor norteamericano; claro, cuando yo lo conocí, junto a otros muchachos más, era él como ya destaqué, un “ señor mayor de edad con barba y cabellos blancos”, tal como hoy en día los tengo yo, con la diferencia que ya cabellos casi apenas tengo. Mi edad sobrepasa algo a la de Hemingway al morir.

Se ha hablado y escrito mucho de Hemingway: que si era un borracho, mujeriego, deprimido, bipolar, machista, belicoso, aventurero, que sirvió al FBI en la ubicación de submarinos alemanes en el mar Caribe, para disfrutar de ciertos privilegios que no podían tener otros pescadores en sus barcos, pero como en la vida hay contra y pro , también se ha dicho que fue un buen amigo, llegando a poner tan en alto la literatura norteamericana en el mundo de las letras, que además de los Premios Pulitzer y Nobel de Literatura, fue nombrado “El Dios de Bronce de la Literatura Norteamericana”.
Y yo puedo ratificar lo que han dicho otros: El “americano” que vivió en la casa donde robábamos mangos, llegó a ser un amigo de nosotros, de aquellos niños que apenas llegábamos a los 10 o 15 años de edad, siendo cierto lo que dijo siempre: “su finca sería el hogar de todos los muchachos del barrio”.

ALFREDO A. BALLESTER

Un Texto para el Mes Hemingwayano: Desde Canarias un recuerdo para Hemingway

Es un invitado de lujo y con un  enfoque multidisciplinario. Así como publica textos técnicos, Isidoro Sánchez García, hoy nos obsequia en el Mes Hemingwayano un escrito que habla de su viaje a Estados Unidos y la casa del escritor allí en Key West-Cayo Hueso. En mi rincón Hemingway tengo una acuarela de esa casa que tanto agradó al escritor pero cuyo diseño y detalles llevan el espíritu delicado de Pauline Pfeiffer la segunda esposa de Ernest. Los gatos de seis dedos, la moneda enterrada cerca de la pileta y ese estudio que envidio, cerca pero alejado de la casa, son solo anécdotas del lugar.

Agradezco a Isidoro autor de la nota que sigue haberla enviado con tanto afecto y motivación.

–==(())==–

De La Habana a Cayo Hueso
hem1

Gracias a Gregorio Fuentes, por el papel desempeñado en Cojimar, con “El Viejo y el mar”, y a las vivencias que me contaron de Tomás Felipe Camacho en Pinar del Río, pude conocer en profundidad algunos detalles de la vida en Cuba del Nobel americano de literatura, Ernesto Hemingway, confiesa Isidoro Sánchez en este artículo.

Ernest Hemingway, premio Nobel de Literatura en 1954, tenía la costumbre de coleccionar documentos y buenos amigos. Uno de ellos fue, sin duda, el canario Gregorio Fuentes, el capitán del yate El Pilar y amigo inseparable del novelista en sus pesquerías por las aguas del Caribe. Gracias a la obsesión del escritor de atesorar piezas, hoy pueden verse más 9 mil libros y objetos personales de su época de reportero de guerra que se atesoran en su Finca Vigía, una granja a unos ocho kilómetros al este de La Habana, convertida en museo como el que también existe en su antigua vivienda de Cayo Hueso (EEUU), donde se conservan retratos, trofeos de caza, libros y la máquina de escribir donde Hemingway escribió gran parte de su obra. De todo ello nos habla en este artículo el incansable viajero Isidoro Sánchez, tras su reciente visita a Key West, cuna desde el siglo XIX del exilio revolucionario cubano, donde también José Martí pronunciara sus encendidos discursos en la teatro San Carlos de esta ciudad.
Por Isidoro Sánchez García (*)

La primera vez que estuve en La Habana fue en enero de 1985 y viajé  acompañando a mi madre, Herminia,  que tenía mucho interés en conocer la isla de Cuba adonde habían emigrado años antes sus parientes. Primero Mateo Grillo y luego el Tío Pancho, ambos nacidos en la Villa de Arriba donde El Farrobo, en La Orotava.

A partir de entonces inicié una retahíla de viajes a la Perla de las Antillas que se mantuvo, por diversas razones, hasta 2010. Me sirvió para escribir más tarde el libro “Cuba desde mi ventana”, en el que conté mis vivencias en tierras cubanas y escribí de los muchos personajes que conocí, entre ellos Gregorio Fuentes y Fidel Castro.

De mi etapa como viceconsejero de relaciones institucionales del gobierno canario recuerdo también el esfuerzo de un grupo de cubanos y canarios empeñados en la recuperación de la Casa de Canarias que lleva el nombre de Leonor Pérez Cabrera, la madre canaria de José Martí. Más tarde, el `Orquidario de Soroa´, que fundó en los años de 1940 un canario muy especial, el palmero Tomás Felipe Camacho, a quien califiqué como un ilustrado del siglo XX cuando el trio María Victoria Hernández, palmera, Xiomara Brito, cubana,  e Isidoro Sánchez, tinerfeño, le dedicamos un libro muy particular en 2008.

Gracias a Ghem2regorio Fuentes, por el papel desempeñado en Cojimar, con “El Viejo y el mar”,  y a las vivencias que me contaron de Tomás Felipe Camacho en Pinar del Río, pude conocer en profundidad algunos detalles de la vida en Cuba del Nobel americano de literatura, Ernesto Hemingway. Parte de la culpa la tuvo también la amiga logopeda cubana, Xiomara Brito de Armas, que era la responsable de la biblioteca de la Casa de Canarias en La Habana presidida por el amigo Carmelo González Acosta.

Lo cierto es que Hemingway se incorporó a mis preocupaciones literarias y después de platicar en Cojimar con el paisano conejero Gregorio Fuentes en las visitas que le hacía, me entusiasmé en conocer la vida y obra del escritor norteamericano.

Durante décadas residió en la finca Vigía, desde donde contemplaba la capital cubana, y tenía un barco llamado Pilar, con el que salía a pescar con Gregorio Fuentes.

A Hemingway  le gustaba Cuba y España, y por supuesto las tierras de Florida y Key West, en particular, la ciudad más al sur del continente americano, a solo 90 millas de La Habana.

Por ello decidí en 2015 conocer esta ciudad tan especial del sur de la Florida donde los recuerdos de José Martí y de Hemingway en Cayo Hueso resultan iluminados cada atardecer en el muelle de Mallory Square.

(*) Ingeniero de montes y escritor.

Andy García tras las huellas de Hemingway y Fuentes

Cuba 056

No es el único. Pero por ahora hay que mencionarlo a él. Andy García y sus sueños. Uno de ellos es reflejar cinematográficamente a Ernest Hemingway y Gregorio Fuentes en su vital interacción de años. El cubano americano García se guardó para si el papel del llamado canario de tres siglos, don Gregorio. Así es, nació a fines del siglo XIX y falleció en el XXI. En cuanto a Hemingway, hay que reconocer que fue representado muchas veces por actores de valía. En este caso García debió decidirse por John Voigt, tras alguna grabación de por medio del polifacético y talentoso Antony Hopkins, que su reemplazante debió repetir. Así planteado, a Voigt le toca personificar a un hombre, nada más ni nada menos que Ernest Hemingway, que era un duro por fuera pero tremendamente afectivo y sencillo por dentro. La humildad y generosidad de Hemingway para con Fuentes y el afecto de este por el escritor puede ser trasmitida por ambos actores de vasta experiencia en el ruedo fílmico. La cuestión es cuando podrá García cerrar el trabajo que está basado en un guión en el que colaboró Hilary Hemingway, sobrina del escritor.

Además  de Voigt en el papel de Hemingway y de García en el de Fuentes, hay un tercer protagonista indispensable que no se menciona con su debido peso y es el barco Pilar. Para esta ocasión han hecho una reproducción de él.  El Pilar, el origen de su nombre ha sido contado infinidad de veces, es el eslabón más fuerte que une al escritor con el pescador canario. Es también y todo aquel que navega lo sabe, el eslabón con el mar. Lo es con la belleza de este pero también con su dureza y severidad. Ya no es solo el viejo y el mar, es también el barco y el mar. El viento que silba entre la jarcia, el oleaje que conmueve, la inmensidad de una masa de agua que remite a la pequeñez del hombre frente a ella. Allí, en el Pilar, estos hombres, como tantos otros, salen mar adentro en busca de un pez, pero es también y ellos lo saben, la búsqueda de cada uno en un medio jamás dominado  por nadie, salvo por los dioses y demonios que lo habitan.

Habrá que ver como la película de García rescata el papel de este tercer protagonista. Su papel es diferente al de los humanos, pero en si mismo llega a ser tan humano como aquellos que lo habitan y conducen. Quizás el director logre que el alma del Pilar, que se halla a resguardo en dique seco allá en Finca Vigía, trasmita algo de su fuerza y de su historia a la reproducción que de el hicieron estos nuevos arquitectos de su pasada vida. Si es así, se habrá logrado una obra de arte completa y acabada sobre estos dos hombres y su barco. El tema, como ‘El viejo y el mar’, es sencillo. Por eso mismo es tan complejo y difícil su abordaje y su plena realización.

Del barco y sólo de él, me permito agregar una foto que fue tomada cuando el Pilar se hallaba en reparación hace unos ocho años. La conservo con mucho afecto. En ella solo aparezco yo. Pero yo estaba junto a alguien muy importante que era el restaurador de la embarcación. Persona excepcional si, pero por diversas razones no podía aparecer. Mis respetos y recuerdos hacia él.

¡Suerte Andy!, Porque el eje del tema no es técnico, ¡Es poético!, ¡Muy vital y muy humano!, si así lo quieres.

–==(())==–