El Mar Negro y un museo submarino de barcos antiguos.

El Mar Negro llamado así desde la antigüedad por el oscuro tinte de sus aguas convoca hoy a un desmesurado hallazgo de arqueología marina en sus profundidades.

Veamos primero quien es y como es el llamado Mar Negro. Encerrado por la tierras, las playas, los acantilados, costas irregulares a veces interrumpidas por valles o montañas pertenecientes a Bulgaria, Rumania, Turquía, Ucrania, Rusia y Georgia esta masa de agua salada de forma ovalada encierra un fenómeno físico-químico único y especial. En un principio pudo ser un lago de agua dulce y en determinado momento-hace miles de años- una brecha lo reconectó al agua salada de la que nunca debió apartarse, aunque multitud de ríos le aportan caudales dulces. Lo cierto es que este hecho generó un fenómeno. De acuerdo a la región, más allá de unos 60 a 70 metros o 150  a 170 metros  las aguas contienen una alta concentración de sulfuro de hidrógeno a lo largo de algo más de 2 kilómetros de profundidad. Esto no permite la presencia de oxigeno y tampoco la existencia de vida, salvo algunas bacterias adaptadas. Al margen de esta zona carente de vida, tal como la conocemos o la concebimos gracias al oxígeno, el resto tiene una buena biodiversidad. Pero la zona anóxica guarda secretos. No son misterios como a veces se habla. Son secretos del mar que de a poco se van descubriendo. Son los tesoros de los que se alimenta la ciencia. La tecnología arqueológica  desafía al mar y por allí le gana batallas impensables una década atrás

A través de los siglos este mar fue frecuentado por multitudes de pueblos de todo los orígenes. Se conoce que hoy se hallan sitios portuarios que lo fueron en la época que se comenzaron las pirámides de Egipto, por ejemplo. El mar Negro fue una ruta, una avenida por la que transitaron sin cesar materias primas, joyas y personas, estas últimas tanto como usuarios o como esclavos.

Como todo mar que se precie, sus tormentas no fueron condescendientes ni con los barcos ni con los marinos que tripularon embarcaciones desde la antigüedad. Neptuno cobró peaje por inexperiencia, por fragilidad, por insolvencia, por atrevimiento, en fin por todos lo posibles errores y no tanto de los que se aventuraron por estas posesiones y que osaron desafiar ya no el canto de las sirenas sino tormentas y tempestades de magnitud desproporcionada en comparación con  las dimensiones y posibilidades de barcos y tripulaciones de aquellas épocas. Parece que no era solo una cuestión de pericia náutica sino más bien del respeto por la zona que se atravesaba para ir de un punto a otro. Hay que tener en cuenta que el aspecto meteorológico no era del todo conocido y por ejemplo, otro factor era el verdadero peso del barco con su carga y la falta de maniobrabilidad que eso suponía. Todo ello se convertían en factores de riesgo para una eventualidad negativa, llámese tormenta embravecida como las que aún hoy es posible contemplar.

Los protagonistas de estos errores se constituían en victimas directas de las inclemencias del tiempo. Y aún sin ellas muchos casos de fracaso se debieron a barcos sobrecargados. El resultado era el naufragio. El hundimiento del barco arrastrando con el a su tripulación y a su carga. No se puede hacer un cálculo de cuantos barcos desaparecieron para siempre. ¿Para siempre? Bueno la expresión está muy lejos de ser precisa. Por de pronto desde hace bastante tiempo se conocen áreas  apuntadas por la arqueología submarina como asentamientos prehistóricos que se sumergieron en los procesos propios de los ciclos y a su vez llamaron la atención de los científicos los pecios (trozos de naves) antiguos que provenían de la zona anóxica. Hubo múltiples especulaciones pero lo sucedido recientemente es el comienzo de una formidable investigación in situ. La situación actual es muy diferente y el azar jugó un papel preponderante en el descubrimiento o con más precisión, hallazgo, de más 40 embarcaciones antiguas en muy buen estado en el lecho del mismísimo mar Negro.

Veamos la secuencia de los acontecimientos y como es posible este fenómeno.

Una misión científica de la Universidad de Southampton, Inglaterra se hallaba trabajando en determinadas áreas de la plataforma submarina de Bulgaria. Estaba en la búsqueda de cierta información adicional derivada del cambio climático. Las preguntas que persistían en los científicos  seguían estando alrededor de la formación y transformación de lo que hoy conocemos como mar Negro. Las preguntas involucran no solo saber acerca de los fenómenos sino como prevenir posibles cambios abruptos y negativos o por lo menos avizorar causas y consecuencias de los mismos.

Las tareas preliminares fueron realizadas por un barco griego. Ahora le tocó el turno al Stril Explorer, un barco británico de casi 70 mts, varias cubiertas y un helipuerto que normalmente lo suele emplear la industria petrolera para mantenimiento de sus instalaciones costeras. Pero ahora su misión era muy diferente y lo era también su tripulación. El director del equipo científico era el Prof. Dr. Jon Adams un especialista en arqueología marina. Adams es el fundador y director del Centro de Arqueología Marina de la Universidad de Souhthampton, Inglaterra. Pero además  es un hombre cuyo interés en los barcos antiguos esta ligado a las temas de las innovaciones y cambios sociales de las sociedades. También estudia los aspectos éticos de la investigación submarina.

En realidad la expedición estaba orientada al desarrollo de relevamientos geológicos vinculados a antiguas superficies terrestres que quedaron enterradas en lo que es hoy el lecho marino. La idea básica es  tomar muestras del suelo y estudiarlas y generar una reconstrucción de la prehistoria del Mar Negro. Disponían para ello de instrumental altamente sofisticado. Se trataba de dos vehículos submarinos dotados de cámaras de 3D de altísima resolución y potencia. Para tener una idea hay que decir que uno de estos submarinos llegó a una profundidad de 1800 metros y recorrió una distancia de 1250 kilómetros. La velocidad promedio a esa profundidad es asombrosa: 11 kilómetros por hora. En determinado momento de la exploración las cámaras empezaron a trasmitir un hallazgo diferente y no buscado necesariamente: Así aparecieron en las pantallas antiguos barcos en excelentes estado de conservación.

El primero que se llevó la sorpresa fue el arqueólogo marino Rodrigo Pacheco Ruiz cuando recibió la imagen de un antiguo navío reposando a unos 300 metros de profundidad. Era tal la claridad de la imagen que se podían distinguir en el casco los golpes de un martillo y un cincel. También se detectaron sogas e incluso decoraciones de la madera. Todo se hallaba conservado por la anoxia del sitio. Ahora bien, para mayor sorpresa y admiración la antigüedad del barco se ubicaba en unos 1800 años. Aunque hay algunos antecedentes, nunca se ha visto o hallado algo así en arqueología marina. Además se sumó una ventaja: Las técnicas avanzadas que emplearon permitieron grabar los barcos sin mover o perturbar el lecho marino.

La misión estaba limitada a lo que es la plataforma submarina de la actual Bulgaria. Por lo tanto las expectativas son de que pueden producirse nuevos hallazgos en esta zona y en las cercanas o colindantes.

En un área de 2000 kilómetros fueron hallados y registradas un total de 44 embarcaciones en diferentes estados de conservación. Algunas de  ellas se estima que pueden pertenecer a la era del Imperio  Bizantino es decir que serían del año 800. Pero también hay barcos que parecen del siglo XIV, otros del XVI y algunos del XVIII. El más reciente se lo data como del año 1800. El análisis de los especialistas para afectar una fecha aproximada pasa por la observación de las formas de los cascos, las arboladuras, el material empleado e incluso las posibles cargas o posesiones del mismo. Ayuda indispensable en esta tarea es la fotogrametría en 3D que permite no solo la composición de lo que hubiera sido el barco sino también la observación del modelo desde distintos ángulos precisando detalles que de otro modo no sería posible.

Este es un primer informe que resume parte de la información que circuló a través de distintas fuentes desde fines del año pasado, con más precisión diciembre de 2016. Hasta el presente no se han reportado nuevas detecciones, pero las especulaciones en algunos casos y  las proyecciones en otros hablan de  la posibilidad de hallar “miles de barcos“ en buen estado de conservación por las características del ecosistema.

Por último, no se ha conocido si hay o no una decisión sobre excavar el lugar y mover las embarcaciones o tomar objetos que se hallan en ellas. Aspectos que hacen al patrimonio cultural submarino han sido desde siempre temas de arduas polémicas. Los conceptos han cambiado y las ideas no siempre coinciden. Personalmente creo que se ha hallado el museo náutico submarino, hasta ahora, el más grande y único del mundo. Pero solo es hasta ahora. Las tecnologías de investigación pueden dar un mentís a esta afirmación a pocas horas que se publique esta nota.    También aclaro que le llamo “museo de barcos” y no “cementerio de barcos”, entre otros conceptos, como un recordatorio para el Mar Negro que los conservó entre una historia conmovedora de los pueblos que por allí transitaron y por las características físico-químicas únicas que posee.

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