Oda en metal a “El viejo y el mar” en Canarias

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La foto que precede a este texto sorprenderá al lector, aunque alguna referencia heminguayana le dará. Se trata de una obra escultórica espectacular que ahora viste la zona de La Marina en Arrecife, Lanzarote, Canarias. Con una mirada estética plena de dramatismo imbuida desde una obra literaria magistral como es “El viejo y el mar” de Hemingway, se yergue en metal “Pescador con marlín” ante la mirada atónita de quienes tienen la oportunidad de admirarla.

Se trata de una estructura de 7.60 de altura por 8 de diámetro desarrollada en acero inoxidable y acero corten sobre una base de hormigón. Es de estilo impresionista y sus piezas están cortadas, creadas manualmente y soldadas una a una sin moldes. Es una pieza única dice el autor como la amistad que se forjó entre Hemingway y Gregorio Fuentes.

El artista considera a su obra como una “oda a la obra literaria “El viejo y el mar” en la que Ernest Hemingway toma como modelo de su protagonista Santiago, a don Gregorio Fuentes Bentacourt quien naciera a poca distancia de donde ahora se halla la escultura.

Ha sido diseñada y creada por el artista lanzaroteño Jorge Isaac Medina quien se formó desde joven en un taller familiar. Luego lo hizo en Europa y México. Pasaron 20 años y en 2010 regresó a Lanzarote dando inicio a un nuevo ciclo en su vida artística multidisciplinaria.

Para el creador “Pescador con marlín” va más allá de la estructura y … “representa un reconocimiento a las personas valientes que cuando dan con la pieza de su vida no la sueltan, la sostienen y se baten por ella”. Y luego continúa con esta reflexión: “Es una obra inspiradora sobre la lucha interna que cada uno tenemos en la vida para llegar a nuestra propia esencia, a nuestra verdad más profunda.”

A propósito de esta nota muy elegida: Hoy Ernest Miller Hemingway cumpliría 123 años. Y hace no más de 10 días su amigo Gregorio fuentes Bentacourt cumpliría 125.

Permítasenos expresar que la obra de Jorge Isaac Medina nos los trae a ambos desde el inalcanzable universo de la historia y la leyenda, para brindarnos un sueño en metal. ¡Bienvenida!

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PD: Otras imágenes de “Pescador con marlín”

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El 2 de julio número 61

Los números son solo coincidencia. Hace 61 años y tras aquel 2 de julio de 1961 donde todo pareció concluir, la leyenda siguió viva. Como toda leyenda lo hizo con todas sus deformaciones, neo formaciones e híper formaciones, que le dieron diferentes imágenes. En un mundo comercial y de negocios, la leyenda siguió produciendo recursos de uno u otro tipo hasta el día de hoy. Para los interesados en la literatura o en los aspectos literarios, siguen apareciendo comentarios, libros, crónicas y notas y además también aparece algún texto original que no ha dejado de serlo, sino que las circunstancias y las del mercado lo han cosificado. Por algún lugar, por algún resquicio se filtra el aire fresco bajo la forma de un cuento hallado solitario y olvidado en los papeles muy ricos que se hallan en la Biblioteca Kennedy en el sector Ernest Hemingway en Boston. Por qué de Don Ernest se trata. Ya no tanto de “Papa” sino más bien de “El Viejo”. Si, de ese Viejo que todavía merodea por Pamplona, por Madrid, por París y vaya a saber por cuantos lugares más. A veces, la leyenda parece olvidarse, querer desaparecer. Pero a su pesar, solo se difumina y cada tanto en algún texto, en algún lugar, en algún hecho, aparece fortalecida.

Hoy se cumplen 61 años de la muerte de Ernest Miller Hemingway en Ketchum, Idaho, Estados Unidos de Norteamérica.

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“El Viejo y la máquina de escribir” y “La historia de la Corona Four” dedicados a Hemingway.

TAPAsosaEn enero del año en curso publiqué en versión digital el volumen que contiene los textos “El Viejo y la máquina de escribir”. “La historia de la Corona Four”; un viejo perfil biográfico de Ernest Hemingway y una crónica sobre las máquinas de escribir. Los dos primeros textos están dedicados al escritor y el hecho es importante para mí porque con el contenido de este volumen comienzo a dar a conocer la “Tetralogía heminguayana”.

Este conjunto de escritos al que denominé así en Nueva York en 1961 tenía como subtítulo o título general “Ernest Hemingway : Pasión y acción.” Como tal no pasó de ser un proyecto y con los años, muchos y quizás demasiados, rescato textos, apuntes e ideas no solo sobre Ernest Hemingway sino también sobre otras historias y crónicas.

Mi pretensión, en realidad interés personal, es intentar recuperar la mayor cantidad posible y publicarlos. Ese es mi desafío. También es cierto que se halla alterado el orden de la publicación. Los textos que ahora aparecen estaban previstos para más adelante. Pero su estado de avance era tan positivo que prácticamente la revisión estaba terminada y entonces me apresuré y lo envié a la editorial porque de lo contrario seguiría revisando y corrigiendo.

“El Viejo y la máquina de escribir” es uno de los textos de este volumen que surgen de apuntes y aparecen luego de medio siglo de archivo. En este escrito se impone el desafío de escribir textos sobre notas tomadas a veces medio siglo atrás. ¿Quien escribe? Es la pregunta subyacente. ¿Cómo se vuelve a escribir? ¿Se vuelve a escribir o se ha escrito siempre aun cuando el papel no lo registre?  ¿Es posible esto? El sujeto escritor revela la maraña de cuestiones alrededor de estas preguntas. Revela su odisea con los textos, con las palabras, con los fantasmas que habitan estos viejos escritos que pretende rescatar. Es la lucha contra “el demonio de la palabra escrita” La lucha es el rescate de sus textos y en ella no hay derrota. No puede haber derrota.  En ese contexto y mientras se desarrolla esta lucha se escucha que hay una máquina de escribir que teclea en solitario. ¿Es solo imaginación o aparecerá alguna prueba? Mientras tanto y hay que expresarlo, este texto ha surgido de muchos hechos de la realidad concreta del escribir y también del no escribir.

Luego, la misma máquina de escribir aparece en otro contexto. “La historia de la Corona Four” es una crónica basada en relatos orales familiares. Los apuntes también estuvieron archivados y junto a otros textos aparecen ahora para la publicación. El autor se encuentra con una doble herencia. Por un lado, la máquina de escribir y por otro la historia recibida por transmisión oral familiar.

Como tal, el pamplonés José ha existido y es el protagonista de esta historia que tiene limitaciones. Lo que en ella falta se hallaba en la memoria de quienes ya no están.

El relato casi épico rescata la trayectoria de un hombre que ha cursado tres guerras, que ya no tiene familia y posee una máquina de escribir que parece tener su fama por haber sido empleada por el escritor Ernest Hemingway. Es más, este cocinero pamplonés es creador de un plato llamado “La albóndiga Ernest” creado en honor del escritor a quien conoció en Pamplona. La historia de este español termina en Argentina regresando a su patria sin saber después que fue de él, pero la máquina es un testigo de su paso por esas tierras y allí lo aguarda.

Cierran el volumen dos textos. Uno datado en 1963, es un perfil biográfico de Ernest Hemingway , en el que se halla algo de la historia de “El Viejo y la máquina de escribir” y el pensamiento del escritor sobre la lucha del hombre y la inexistencia de la derrota. Esta mirada se halla dedicada a los periodistas, por su destacado rol en la sociedad. La fecha indica que ha sido escrito dos años después de la muerte del escritor. Es un texto juvenil recuperado tal cual fue escrito. Luego de publicado, este perfil del escritor será incorporado en forma permanente a este blog dedicado a Hemingway.

El último texto es de escritura reciente y tiene el trazo de una nota periodística, pero es también un tributo a las máquinas de escribir que tanto hicieron por el trabajo con las palabras. Las máquinas de escribir, mecánicas o eléctricas, cumplieron una trayectoria inigualable en la historia de la humanidad transformándose en una herramienta tecnológica indispensable para todos los seres humanos del planeta Tierra.

El próximo volumen de la tetralogía está muy avanzado. En el medio de este y de él aparecerá otro ya listo, pero no relacionado con el escritor de marras. Es posible que se dé una alternancia en la publicación de los textos, cuestión esta que no se hallaba prevista. De todos modos, lo más importantes es el trabajo que se dedique a estos escritos.

Mi agradecimiento a Lilium Ediciones de Buenos Aires, Argentina, por su trabajo y dedicación en esta edición.

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“A la sombra de Hemingway” novela taurina de Ernesto Manuel Del Bosque Ramos

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España fue un gran amor de Hemingway. La cultura, la literatura, la ‘manera de ser’. Y parte de esa cultura fue la taurina. Si bien pudo hallarla en Las Ventas en Madrid, fueron Los Sanfermines de Pamplona quienes lo marcaron de una manera particular. Allá por 1925 y años posteriores conoció y luego frecuentó esa ciudad y otras de Navarra. Lo haría también con Córdoba, Sevilla, Ronda (¿cuna de la tauromaquia?), Málaga, Valencia, Barcelona e imposible no beber un Tío Pepe allá en Jerez de la Frontera. Esa España de Cervantes, de Lope de Vega, de Azorín, Pío Baroja y otros que le llevaron cada vez más cerca del idioma y por ende de la cultura. Por ello lo taurino no se muestra solo como un deporte nacional sino como una fiesta cultural, quizás desafiante, primitiva para el pensamiento tradicional, pero enraizada en los espíritus de los hombres que la cultivaron y la cultivan. “Muerte en la tarde”, “Un verano peligroso”, “La capital del mundo” y otros son textos que encierran las vivencias de los ruedos, la presencia de las heridas, de la sangre y de la muerte y por sobre todo, el valor de enfrentar las afiladas puntas de las mal llamadas bestias con centenares de kilos en su estructura con lanzas que amenazan a un hombre armado con solo una capa y la velocidad de su mirada para saber que hacer acompañado de la flexibilidad de su cuerpo que a la vez, en el medio del peligro se le exige elegancia, no solo presteza.

Pues bien, otra vez en todo este mundillo surgen Hemingway y los toros; los toreros y las arenas; también los bares y las tabernas. También y por qué no, el amor el valor y la fuerza del espíritu. De esta manera, antes de despedirse el año 2021 que ya tuvo finales importantes de literatura, aparece una novela taurina y lo hace en una tierra que sabe de toros, toreros y escritores de fuste que hablan sobre todo ello con un lector que a veces no sabe de toros pero que el texto le mete de cabeza y sin perderla en un asunto taurino.

Así hace su aparición en el ruedo literario “A la sombra de Hemingway”, novela taurina. El autor, Ernesto Manuel Del Bosque Ramos es egresado como Contador Público de la Universidad Autónoma de Guadalajara, sita en Jalisco, México, incursiona por segunda vez en este ruedo de palabras hechas historias luego que en 2017 publicara otro volumen titulado “Los caprichos de Moctezuma”. Ahora se entromete con el “El Viejo” en una ficción histórica que le lleva o más bien dicho que lleva al lector por los senderos y lugares frecuentados por los toreros tanto españoles como mejicanos en una época de España en la que quizás ya algunos avizoran el trágico y doloroso enfrentamiento que se avecina entre hermanos de sangre que oscurecerá la existencia diaria de toda una nación. Como el anterior volumen este también es una edición Kindle.

La historia que dispara la novela está bien armada. Un Hemingway en su querida Pamplona y en pleno festejo bullanguero y callejero de San Fermín, es salvado de una cornada por un joven torero de nombre Rafael, llamado “Rafita” por sus conocidos, quien recibe el impacto, pero logra superarlo. Ese hecho signa la existencia de este hombre en su trayectoria en los ruedos. El escritor lo orientará, será una guía y a la vez un protector. El escritor sabe de tauromaquia y el ambiente lejos de ser desconocido para él es un factor de atracción y deleite en su vida personal y literaria.

Hay algo aquí que no se escapa aun cuando la situación es totalmente diferente. En su precoz experiencia de guerra en Italia, Hemingway salva la vida de un soldado y es herido por la metralla. Vale la pena recordarlo ya que por ello Agnes y “Adiós a las armas” están en la historia heminguayana y también en la de la literatura universal.

No me corresponde contar más de este atractivo texto que se puede leer rápido, pero para los conocedores o seguidores de las “rutas” heminguayanas conviene detenerse en alguna esquina cerca de Las Ventas en Madrid, inaugurado allá por el 31 por el que “camina” la novela o beber un vino en el Iruña y recordar Los Sanfermines de entonces. Leerla con detenimiento es una buena experiencia para todos e invita a conocer los lugares que quedan de toda una historia taurina de tradiciones y culturas.

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Alejandro Padrón escribe sobre “París siempre valía la pena”

Días atrás (28 octubre) publiqué una nota sobre el libro de Alejandro Padrón “Paris siempre valía la pena. Reservé unos días para ver si ubicaba al autor. En el ínterin pude releer a Joan Didion en su ensayo sobre Hemingway (ahora traducido al español) y escribí un artículo sobre esta nueva publicación (10 de noviembre). Menciono esto porque Didion recuerda un detalle en su crónica sobre “París es una fiesta” y hallé, el azar me lo permitió, una línea de continuidad entre la obra de Padrón, la acotación de Didion de 1998(¡!) y un hallazgo periodístico literario fundamental como es el autor hablando de su obra y brindado al lector la concepción y el parto de la misma, cuestión esta no común. Se sumó a ello la generosidad intelectual del editor-director del sitio en el que Padrón escribió su confidencia de autor.

En efecto, Alejandro Padrón escribió “Cómo se concibió París siempre valía la pena”. en la sección “Firma Invitada”  del sitio todoliteratura.es el 25 de octubre pasado, espacio literario que recomiendo sin reservas por la riqueza de su contenido sobre las letras del mundo hispano parlante. Hallado este texto, cuyo valor excede mis comentarios, solicité la autorización para reproducirlo en mi blog al Editor-Director de todoliteratura.es don Javier Velasco Oliaga quien la concedió y es así como a continuación brindo el artículo.

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Cómo se concibió «París siempre valía la pena»

Por Alejandro Padrón
El intento por desvelar cómo se ha construido una obra es asumir una tarea que corresponde, en el caso de la literatura, al lector o a los críticos, más que al autor de la propia obra, pues equivaldría a deconstruir lo que se ha construido, desarmar lo armado para entender el engranaje y los mecanismos ocultos que sostienen la legitimidad de la obra. Lo que vendría a ser un despropósito para el autor, porque terminaría revelando los artificios y secretos, los trucos y falsedades que apuntalan la armazón de esa mole llamada ficción, al exponer ante los ojos del lector, los cimientos de una gran armadura basada en la mentira que dejan al desnudo al autor en su completa “ingrimitud”. Estar consciente de jugar el rol del espoiler de su propia obra es tarea ingrata, pero siempre será de vital importancia para los lectores curiosos escrutar en los secretos de esa urdimbre literaria que construye la verosimilitud.

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Esta historia comienza hacia finales de los noventa y termina cristalizada veinte años más tarde. Al inicio la idea era hacer un documental sobre la visita del joven Hemingway a los lugares que se mencionan en París era una fiesta. Por diversas razones esa idea no prosperó y decidí escribir un libro. No se trataba de ensayar una nueva biografía ni de escribir una ficción más sobre la vida del escritor americano. Pensando en que mi narración debía lograr algo diferente a París era una fiesta, comencé a leer de nuevo aquel libro. Al ojear sus primeras páginas se me reveló el secreto de lo que buscaba en la nota introductoria de su autor: “Por razones que son suficientes para el escritor, muchos lugares, gente, observaciones e impresiones han sido excluidas de este libro. Algunos secretos dejaron de ser tales y otros fueron muy conocidos por la gente y cada quien ha escrito sobre ellos y sin duda seguirá haciéndolo”.[1]

Al terminar de leer esta nota un chispazo iluminó mi mente y apareció de súbito cómo debía enfrentar la novela: ¡contaría en ella lo que había dejado de contar el propio Ernest Hemingway en su libro! Fue un hallazgo afortunado. Hasta ahora ningún libro sobre el escritor enfocaba su argumento desde esa perspectiva. Sin embargo, era importante responder una pregunta: ¿Quién narraría esos encuentros y situaciones dejados por fuera por el propio autor? Fue entonces cuando apareció el nombre de Max Sterling, personaje de ficción, un año mayor que su colega, periodista franco americano, que contaría lo no contado por el joven Hemingway en su libro de memorias.

Otra fuente de inspiración de mi libro fue la lectura de la novela de Enrique Vila-Matas, París no se acaba nunca, que me regaló una cierta mirada sobre el personaje y la manera de construir su relato. Había en ella un ritmo que me interesaba, aunque el mío terminó siendo distinto. Cuando tuve plena conciencia de haber logrado la forma de narrar la historia, pensé en el título del libro en ciernes. Recurrí de nuevo a la fuente originaria: París era una Fiesta. Ojeándola me detuve en la página final y descubrí por azar que Enrique Vila-Matas había sacado de aquella última página el título de su libro: París no se acaba nunca, cinco palabras como eran cinco las mías: París siempre valía la pena, también tomadas de la última página de A Movable Feast. Era un guiño al escritor de Doctor Pasavento, una suerte de complicidad sobre el tema Hemingway.

En la ficción creada todos los hechos descritos proceden de la realidad, aunque manipulados y trastocados por la necesidad de construir ese templo maravilloso de la escritura llamada ficción, centro neurálgico de la arquitectura de la mentira. De él partí inventando el hecho de considerar que Hemingway no escribió sus pequeñas memorias en Cuba, como lo refrenda la nota introductoria escrita por él, sino en el París de los años veinte, cuatro décadas antes (!). Así sucedió con la segunda nota escrita por su cuarta esposa, Mary Welsh, que confirma lo expresado por Hemingway, cuya fecha alteré para hacerla concordar con la de su esposo. De allí que el Proemio de mi novela constituya el templo que dinamita la realidad verdadera para imponer otra y evitar que ese edificio construido de materia clarividente se derrumbe.

Notas:
[1] Hemingway, Ernest, A Moveable Feast. Prefacio. EpubBooks, 2017(Traducción libre, N A).

Nota Original en todoliteratura.es, para ver la nota haga click aqui

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Ernest Hemingway por Joan Didion en: “Lo que quiero decir”

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Si hay un elemento clave, diferente y sostenido en la vida y obra de Joan Didion no habría duda en elegir la lectura como un desencadenante precoz de su pasión por la escritura.

Joan Didion nació en Sacramento, California, Estados Unidos de Norteamérica el 5 de diciembre 1934. La describe desde su niñez un solo hecho: Necesitó que su madre autorizara en la biblioteca pública un permiso para extraer libros para adultos. Leyó y escribió siempre desde niña (comenzó como a los cinco años) y luego no se detuvo más. Estudió y se graduó en Berkeley (California en 1956) aunque se frustró su ingreso a la Universidad de Stanford. A través de un concurso entró a la prestigiosa revista Vogue y avanzó meteóricamente en su carrera de las palabras como periodista y como escritora. Es autora de obras de ficción, no ficción, guiones, una obra de teatro y multipremiada por instituciones de prestigio.

En todo ello el dolor no dio paz a esta vida dedicada al trabajo con las palabras. En el curso de la década de los 70 le diagnosticaron esclerosis múltiple una enfermedad crónica degenerativa del sistema nervioso. En 2003 perdió súbitamente a su esposo, el también periodista y escritor John G. Dunne, con quien compartiera años de vida y de trabajo y en 2005 a su única hija, Quintana, de 39 años.

Didión ha seguido trabajando con intensidad superando todas las adversidades y superándose a ella misma recibiendo el reconocimiento por ello. Solo como ejemplo dos grandes instituciones académicas lo pusieron de manifiesto: Desde 2009 es Doctora en Letras Honoris Causa de la Universidad de Harvard y el mismo grado académico honorífico le fue conferido en 2011 por la Universidad de Yale. Ambas casas de estudios en Estados Unidos.

En octubre del año en curso Penguin Random House dio a conocer la traducción de una obra de Didion que recopila artículos y crónicas bajo el título “Lo que quiero decir” con prólogo de la escritora Elvira Navarro. En realidad el título, si bien sugiere una voluntad de expresión de la autora, es diferente al original en inglés que dice: “Let me tell you what I mean” (“Déjame decirte lo que yo pienso”. También para algunos “…lo que interesa o importa”). Sea como fuere es importante contar con una traducción más de una obra de esta escritora. Pues bien, en el contenido de este volumen se halla una nota sobre Ernest Hemingway, autor por el que Didion confiesa que siente una gran admiración por como escribe, por como emplea las palabras. Esta nota es de noviembre de 1998 y se titula “Last words: Those Hemingway wrote  and  those he dind’t” (“Ultimas palabras: Aquello que Hemingway escribió y aquello que no”).

“A Hemingway le importaban las palabras’. ¡Claro! A ella también. A pocos escritores no les importan o dicen que no les importan o hacen como que no les importa. Pero todos saben que atrás de cada escritor, como una sombra imperceptible pero indispensable, algo dicta de una u otra manera un lema sostenido como un leiv motiv wagneriano: “Le mote juste”. Difícil de lograr. Supone trabajo. Supone ensayo. Supone errores.

Como es su estilo, Didion en su escrito, pone un tema polémico si los hay. Se trata de los textos que quedan tras la muerte del escritor. ¿Deben ser corregidos, armados publicados? ¿Qué paso con Hemingway?, así como con otros escritores que dejaron textos inconclusos o incluso concluidos, pero no corregidos. Allí en el contexto del ensayo aparece “París era una fiesta” (” A moveable  feast”) al que Didion no deja de puntualizar que para el autor de esa obra, momentáneamente, la mencionaba sin título y hacía referencia a ella como “lo de París”. Aparece también “Islas a la deriva” y sin dudar “Al romper el alba” la obra publicada por el centenario del nacimiento del escritor. Incluso hay una mirada crítica sobre las famosas  cartas publicadas.

Pero más allá de los textos en el escrito de Didion también surgen personas relacionadas con la manipulación de los escritos: Mary Welsh cuarta esposa de Hemingway; los tres hijos de este y todos poseen miradas, afectos y criterios muy distintos al enfrentar el recuerdo y los recuerdos. Cada uno en lo suyo.

También se hace lugar a lo comercial, al mercado, a las ofertas. Así aparece incluso ‘un apellido-marca’ y las eternas preguntas de unos y otros, sean investigadores, historiadores, expertos, seguidores, periodistas y lectores que hacen demasiadas preguntas y no siempre hay respuestas.

Hay mucho más en el trabajo de Didion que desnuda y diseca los hechos, fiel a su estilo.

Por sobre todas las personas y los personajes y los sucesos y las publicaciones póstumas, la escritora rescata la literatura, rescata al Hemingway preciso y casi obseso con las palabras, su ubicación, su esencia e incluso hasta su cantidad. Lo rescata de las novelas, de los cuentos de las notas. Rescata desde aquel “joven Hemingway” hasta el “veterano Hemingway” con un Nóbel y una trayectoria que hoy la ayudan a la misma Didion a mirar y a escribir distinto, sintiendo la necesidad de esa escritura cuya pulcritud excede los cánones más soberbios y exigentes.

El lector podrá conocer todo esto leyendo y releyendo los textos de esta singular mujer, periodista crítica de su sociedad, de su tiempo y de su trabajo y a la vez una escritora con un lugar relevante en la historia de la literatura contemporánea en lengua inglesa.

“Lo que quiero decir” revela en estos 12 ensayos y notas periodísticas, la posibilidad de conocer cómo se escribe un periodismo que, sin dejar de serlo, se transforma en una herramienta critica de los hechos. Conduce de una u otra manera al llamado “narrador testigo” y converge con ello con la sociología, la ciencia política y la antropología entre otras disciplinas. No es para desperdiciar la oportunidad de esta lectura.

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ERNEST HEMINGWAY Y ALEJANDRO PADRON: “PARIS SIEMPRE VALÍA LA PENA”

41RsE8X9wBL._SX331_BO1,204,203,200_Mientras escribo esta nota aguardo un contacto con Alejandro Padrón que reside en Barcelona. ¿Quién es este señor? Nacido en Sucre, Venezuela, egresó como economista en la Universidad de los Andes(ULA) en Mérida, Venezuela, una casa de estudios que comenzó su larga y prestigiosa trayectoria a fines del siglo 18. Luego hizo su pos grado y doctorado en economía en la distinguida y tradicional Universidad de la Sorbona en París, Francia. Ha publicado varias novelas, libros de cuentos y un libro de crónica. Hasta ahí un perfil de este académico. Pero ahora Padrón decidió desafiar a Hemingway publicando “París siempre valía la pena” (Kálathos Ediciones, Madrid, septiembre de 2021) que aparece como una reescritura, una reinvención de “París era una fiesta”.

Si Hemingway estuviera vivo, primero lo desafiaría a un par de vueltas con guantes de boxeo ad hoc y luego a varias vueltas de Martinis con algunos de los excelentes gin que facturan en Barcelona. Y esto porque Padrón se ha atrevido a un desafío realmente bellísimo: Ha producido un revivir de esta obra póstuma del Nobel 1954 siempre recordada de una u otra manera como una estampa con filigrana a mano de una época irrepetible. Pero a los fines de esta nota revisemos primero en forma muy breve, algunos detalles de la obra de Hemingway

En 1956 en los sótanos del Hotel Ritz de París se hallaron un par de baúles con el logo EH lo cual querían decir a toda vista que eran las iniciales de Ernest Hemingway. Por lo tanto, se trataba de un señor de larga trayectoria en el hotel y desde luego en su bar (que hoy lleva su nombre) y que era muy amigo de Charles Ritz dueño de esa obra de arte para vivir y correspondía que le avisaran cuanto antes de este hecho. El escritor recupera estos baúles 28 años después que los dejara quizás por un descuido o por comodidad y también un poco olvidándolos. Allí Hemingway encuentra borradores, notas, apuntes, en fin, todo tipo de escritos. Pero hay uno que le atrae por simpatía y afecto que decide darle forma y que llevaría el título ya consagrado de “París era una fiesta” (título en inglés “A moveable feast” – “Una fiesta móvil”).

Hemingway le dio alguna forma, pero no lo terminó según se sabe o se pretende saber con y sin investigaciones al respecto. No se sabe si el texto que se conoció después era “todo Hemingway” o hubo “retoques” o “faltaba” texto. En fin, cuando apareció en 1964, tres años después de la muerte del escritor, fue el primer suceso editorial póstumo al que le seguirían varios. Según Mary Welsh, cuarta esposa de Hemingway que recuperó los textos a que se hace referencia, el libro trata de la experiencia de vida de Ernest en París desde 1921 a 1926.

Veamos algunos detalles. Entre 1964 fecha de la publicación y 2021 año en que escribo esta nota hay 57 años, que no es poco. Pero atención, entre 1926 período que comprende este texto según Welsh y 2021 hay ¡95 años! Años más, años menos es, ¡Un siglo! Hay algo más. El mismo Hemingway deja a criterio del lector como calificar este texto. Si lo considera como obra de ficción o no. Incluso expresa que faltan relatar algunas experiencias y detalles que hubieran sido importantes agregar en este libro pero que no todo cabía (¿?) y que se quedaba con las ganas de hacerlo (¡!).

Lo real es que aparece como una libreta de apuntes con anotaciones, como un diario personal sin fecha y como un recuerdo de momentos felices, juveniles y despreocupados, salvo una tarea que se perfila como decisiva y casi ocupa todos los lugares del alma: La escritura. Por supuesto que tiene facetas autobiográficas, algunas críticas, comentarios con momentos que perfilan una guía de viajes mostrando un turista con excepcional capacidad de describir e incluso a veces de no describir. Ernesto Sabato (escritor argentino, 1911-2011) dice en algún momento: “Un testimonio de aquel París que yo conocí como científico del Instituto Curie, y que ya no conoceremos más”. Sí, claro, memorias vividas en el París de la “generación perdida”, aquella expresión que parece que nació en un garaje de autos o en un taller mecánico.

Y volvemos a Padrón y su obra. Pues bien, casi un siglo después el periodista Max Sterling (¿un alter ego de Padrón?) se auto desafía. Impresiona que tras haber leído demasiadas veces “París es una fiesta” se propone recrear ese rico mundillo artístico-intelectual mostrando vivencias y decires que faltan conocerse de ese París de ese Hemingway detectando lugares, reformulando situaciones, re describiendo amigos y otros…no tanto.

Los amigos ya no están, los lugares han cambiado. Algunos sitios perseveran como archivos de la memoria y ostentan, conservan, adornan con fotos u otras imágenes. Allí se encuentran los espíritus de quienes estuvieron o pasaron por esos lugares, aunque no fueran “visitantes o clientes frecuentes”.

Queda como interrogante preguntarse: En el Hemingway que escribió lo que conocemos como “Paris era una fiesta” ¿Todo lo que se dijo es el todo o es que acaso los silencios y los olvidos que acontecen no son gratuitos?

El talento creativo se vale de la ficción y genera ciertas licencias y entre ellas revivir y reinventar tiempos como aquel de Hemingway en París o más bien precisar esto de “Aquel Hemingway en aquel París” donde “… éramos tan felices…”.

Padrón que conoce muy bien París y con ello el Ritz, Shakespeare & Co., la rive gauche, los cafés y mucho más, logra revivir con su escrito su propio encuentro con ese Hemingway de tantos lugares y momentos y deja entreabierta la puerta de la fantasía para permitirle al lector una bocanada del aire de ese pasado en un presente tan lejano que se parece mucho a un siglo.

Bienvenida esta obra para todos los lectores, para todos los visitantes de París y sobre todo para aquellos que todavía no han podido visitarla y especialmente diría para todos los seguidores de ese Hemingway parisiense que se halla siempre allí y no se olvida nunca.

Al final de “París era una fiesta”, hay una frase que Padrón adopta por título para su obra y confieso que yo haría lo mismo: “Paris siempre valía la pena” … ¡Au revoir!

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Hemingway y su padre en Oak Park.

El niño acompañaba a su padre en las visitas al bosque para cazar alguna liebre o perdiz que se aviniera a ser blanco de sus disparos. El padre enseñaba al niño el silencio para no aventar la presa. Caminaban de frente al viento. Observar, le decía. Siempre observar el entorno. Los troncos huecos escondrijo de víboras. El sonido de la cascabel agitando su cola lo más lejos posible. Respirar antes de disparar. Concentrarse en el blanco como si fuera el único punto del universo. Observar. Observar la naturaleza. La crueldad sin culpa. La severidad de la lucha. La fortaleza del fuerte y la astucia del débil. Ese niño que se llamaba Ernest Miller Hemingway y que había nacido en ese pueblo el 21 de julio de 1899 aprendió de todo aquello y le sirvió para cacerías más importantes y también para otras actividades aún más importantes como por ejemplo escribir.

Ernest Hemingway: 2 de julio de 1961

Mary Welsh se despertó sobresaltada. ¿Había sido un trueno? Los ruidos en esa casa en Ketchum no le eran familiares pero los toleraba, como toleraba el zumbido del viento que se colaba por tantas rendijas que había que tapar. Le extrañó no verlo a su lado. En ese momento un lobo aulló en la estepa haciendo sabedor a la manada de su supremacía y de su territorio. Pero este ruido que la sobresaltó fue diferente. Fue un trueno en un cielo despejado. Lleno de estrellas. Tuvo miedo. Sintió frío. Ella que nunca  lo había sentido. Se levantó y manoteó un abrigo cercano. Se asomó al corredor y vio luces encendidas. Entonces fue directo al recibidor. A la distancia lo vio. Allí en el estudio lo encontró con el rostro desfigurado y la cabeza destrozada. A su lado una escopeta de dos cañones. De su garganta salió un grito animal, un grito de terror. Todo estaba dicho. En esa madrugada del 2 de julio de 1961, Ernest Miller Hemingway se despidió de este mundo.

El XVIII Coloquio Internacional Ernest Hemingway en Cuba.

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Entre los día 24 y 26 del corriente mes y año se desarrollará el XVIII Coloquio Internacional Ernest Hemingway en la República de Cuba. La pandemia que azota al mundo también coloca su impronta en la isla cubana e impide la realización tradicional de este evento. Sin embargo las autoridades organizadoras no se resignaron a no presentar este año este encuentro académico bianual que ya es todo un símbolo en el mundo hemingwaiano. Como siempre el esfuerzo de la organización es conjunto entre el Museo Ernest Hemingway sito en Finca Vigía, que fuera la morada del escritor por más de dos décadas y el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural de la República de Cuba.

También, en  este caso, se recuerda al escritor al cumplirse 60 años de su muerte (fue el 2 de julio de1961).

El coloquio se desarrollará por Streaming Cuba con enlaces múltiples que se estiman en más de 100 sitios de Facebook incluyendo los propios como el del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

La apertura del evento estará  cargo de Grisell Fraga la directora de la Casa Museo Ernest Hemingway y la clausura será un panel a cargo de dos distinguidas investigadoras del mundo Hemingway, Miriam B. Mandel y Sandra Spanier del Proyecto Cartas de Hemingway del que se dará a conocer el último tomo volumen publicado en Estados Unidos.

El programa comprende diversas actividades a saber:

  • Presentación de ponencias de varios países como Estados Unidos, España, Japón, Argentina, Israel así como de Cuba.
  • Exhibición del documental titulado: “Hemingway: Entre Cayo Hueso y Cuba” filmado en La Habana y en Estados Unidos por Richard Abella.
  • Inauguración de la exposición “El arca de Hemingway” del artista plástico Jorge Pere Duporte.
  • Presentación del libro “Hemingway, poeta enamorado” del escritor, ensayista y traductor  cubano Carlos Peón.
  • Apertura de la exposición virtual “Imagen Hemingway” con pertenencias del escritor que  se hallan en su Casa Museo.
  • Dos cineastas norteamericanos, Ken Burns y Lynn Novick proyectarán una serie documental basada en los archivos personales del escritor que se hallan en la Biblioteca Kennedy en Boston.
  • No podían faltar las visitas a lugares frecuentados por Hemingway. En este caso la visita será virtual y con actos conmemorativos en ellos como es en Cojímar, en EL Floridita, en el Club Náutico Internacional y por supuesto en la Casa Museo.
  • Se aguarda una intervención del congresista demócrata James Mc Govern  de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Mc Govern ha abogado e insiste en su objetivo de lograr un acercamiento entre su país y la isla cada vez más intenso y es según expresan sus allegados un “hemingwaiano más entre los muchos”.

No es poco el esfuerzo cubano por mantener vigente la imagen del escritor a más de medio siglo de su muerte. Pero es cierto que no son solo ellos, sino también los investigadores seguidores, historiadores, periodistas y cuantos más que aportan un hálito de recuerdo a este gran escritor y periodista como lo fue Ernest Hemingway.

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