William Phips, el capitán Kid, Walter Kennedy y el mayor Stede Bonnet

Cuatro extrañas vidas de hombres de mar. Merecen relatarse brevemente acorde a lo que la historia dejó transcender.

Si se considera la del señor Phips se encuentra un sino contrario a cuanto deseaba.  William Phips fue hecho caballero por el rey y nombrado por el monarca Gran Sheriff de Boston en agradecimiento por los servicios brindados a la corona. Pero Sir Phips era un gran buscador de tesoros hundidos anticipándose con esto a una redituable tarea de los siglos por venir. Pero fue muy mal administrador de sus recursos por lo que su vida acabó miserablemente.

Un caso muy diferente lo constituye el capitán William Kid que, de paso, nadie sabe el porque de este apellido que en inglés significa cabritillo y que se contrapone a su bravura como pirata a las órdenes del rey de Inglaterra. Yo diría más bien era un corsario. De paso, hay que decirlo, llegado el momento se dio una que otra explicación de su apellido y nadie por temor se atrevió a discutirlo. Eso si, tuvo una trayectoria excelente de tropelías y asaltos, visto y considerando el concepto de la época y de su oficio. Todo anduvo bien hasta que la maldición del “hombre del balde”, un  tripulante por el asesinado, lo siguió hasta el mismo momento de su ejecución.

Más tarde, junto al capitán Kid apareció otro pirata con el grado de teniente. Se llamaba este hombre Walter Kennedy y no sabía ni leer, ni escribir. ¿Cómo llegó entonces al grado de teniente?, Se preguntaban algunos. Pues lo hizo por su talento para torturar. Era dueño absoluto del arte de ajustar una cuerda en la frente de un prisionero hasta hacerle saltar los ojos.  En algún momento de su vida traicionó a su capitán, se hizo de una nave y sumó una buena serie de fullerías hasta que le tocó el turno a la ley. Su último lujo fue alabar la vestimenta de Kid, antes de colgar a su lado.

El último caso y de no menor importancia fue el del mayor Stede Bonnet, todo un pirata de fantasía. En realidad Bonnet comenzó despreciando las fuerzas de la tierra y exaltaba las del mar. Poco a poco el delirio fue mayor hasta que ocurrieron dos hechos. El primero fue la idea de atacar una aldea y el segundo el de toparse con uno de los héroes de sus delirios: El capitán Teach, Barba Negra. Tras una serie de infortunios logró huir de este héroe y cansado de la fragorosa vida que había llevado se dejo apresar por la justicia sin oponer resistencia. Fue condenado y ejecutado luego de pasar un tiempo en prisión, sin contar que le endilgaron una cantidad de acciones que, de ser ciertas, habría pasado a la historia de la piratería.

Hay que reconocer que son cuatro historias, mas o menos conectadas entre si y todas trágicas. No hay registro de ellas y no puede haberlo. Son ficciones  que bajo la forma de relatos breves y con el nombre (no el texto) de los personajes que aquí se mencionan integran junto a otros cuentos una obra clásica titulada “Vidas imaginarias” 1 del escritor franco-judío André Marcel Mayer, mucho más conocido como Marcel Schwob. He aquí algunos apuntes sobre este hito de la literatura universal.

Marcel Schwob fue un hombre excepcional para su momento histórico y su breve vida. Nacido en Chaville, Francia, el 23 de agosto de 1867, fue escritor, traductor, crítico literario, poeta, ensayista y traductor. Esto último conviene destacarlo. El fue un políglota precoz. Parece que a los tres años de edad además del francés su idioma materno, hablaba muy bien el alemán y el inglés. Más tarde agregó a ellos el español y el italiano, sin dejar de lado un intensivo estudio del griego, del latín y del sánscrito. Desde niño su entorno familiar fue altamente favorable a sus gustos y preferencias. Provenía de una familia culta en la cual había profesionales y rabinos. Hay que puntualizar que su padre Isaac, un culto periodista de la época, escribió una obra con Julio Verne y escribía notas para un periódico de Baudelaire. Es decir el germen de las letras estaba en su casa. De allí mismo surgiría un escritor que emplearía las herramientas del lenguaje de un modo sutil, para transformar la literatura de su época.

Hay toda una trayectoria de gran perspectiva y sus obras trascienden por su estilo. Como ejemplo se halla el caso de la que escribe a los diez y nueve años, “El libro de Monelle” con una gran carga autobiográfica y vivencial pues Schwob se enamora de una joven prostituta que le hace vivir a él y el a ella, una vida de adolescentes enamorados. La joven en la vida real se llamó Louise y murió de tuberculosis a los veinticinco años. El escritor jamás la olvidó. Por eso “Monelle-Louise” es tan trascendente en su vida literaria y afectiva. Luego se casará con la actriz Marguerite Moreno quien, más tarde y a comienzos del siglo veinte sería algo así como una instructora de francés de la escritora argentina, creadora de Sur, Victoria Ocampo.

Pero, ¿Qué hace aquí Schwob en “El hombre y el mar”? Pues bien el escritor en primer término fue traductor-admirador de Robert Louis Balfour Stevenson el autor entre otras obras de “La isla del tesoro” con sus personajes de piratas y tesoros ocultos. Hay una intensa correspondencia entre Schwob y Stevenson. El escritor francés lo admira y admira a la vez la temática de la piratería y la vida en el mar. Stevenson que es llamado “tusitala” por los aborígenes del pacífico sur, que quiere decir “el que cuenta cuentos”, muere allí y es enterrado en un cerro con toda una ceremonia tradicional y ritual. Esto impresiona grandemente a Schwob que estando ya delicado de salud organiza un viaje a Samoa calificado como insensato por quienes lo conocían y en alguna manera compartían su vida. Para Schowb este viaje  es algo más que una visita a la tumba de su admirado contador de historias. Para el es como una peregrinación a las tierras que habitó Stevenson con amor y busca algo de la espiritualidad que caracteriza a estos lugares. También es cierto que casi deja su vida en este periplo que le inspiró obras literarias.

Pero “Vidas Imaginarias “ya estaba escrito en 1896 cuando el tenía 21 años. Este libro, el más conocido quizás o el que más lo hizo conocer a él ha tenido influencias en otros autores como por ejemplo en Jorges Luis Borges y su obra “Historia Universal de la Infamia”. Borges habla de “Vidas Imaginarias” y su influencia en él con singular precisión pero también con afecto. Por eso llega a decir: “En todas partes del mundo hay devotos de Marcel Schwob que constituyen pequeñas sociedades secretas”. De hecho en Paris hay una asociación civil denominada Société Marcel Schwob que desarrolla diferentes actividades académicas en torno al escritor.

La trayectoria y producción literaria de Schowb es extensa pese a la brevedad de su vida. Hay que contar más de una docena de obras de distintas estructuras literarias e incluso, tras su muerte, se publican más de media docena de textos de gran importancia. Entre ellos está la correspondencia con Stevenson y también sus observaciones sobre el viaje a Samoa. Con el tiempo, las traducciones se multiplicaron lo que contribuyó al conocimiento de este singular autor.

El escritor con su salud muy delicada a causa de su viaje a la Polinesia y a complicaciones pulmonares fallece en París el 26 de Febrero de 1905. El mentado Cementerio de Montparnasse, en el barrio homónimo de París, guarda sus restos. Marcel Schwob tenía treinta y siete años.

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1 Nota del autor: Para la elaboración de este texto se ha empleado un ejemplar de “Vidas Imaginarias” muy caro al afecto y a su historia. El libro proviene de la biblioteca familiar y tiene la siguiente referencia bibliográfica: Editado por Emecé S.A., Buenos Aires, se terminó de imprimir el 21 de junio de 1944. La traducción y nota preliminar es de Ricardo Baeza. Se destaca allí que es la primera obra del escritor francés que aparece en castellano. La foto que acompaña esta nota carece de crédito e integra la cuidada edición de tapas duras.

 

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