Una esperanza y dos tragedias.

Aparentemente un “objeto sólido a la deriva” captado por fotos satelitales alimentan las esperanzas de los familiares y amigos de la tripulación del velero Tunante II perdido desde los últimos días del mes de agosto del año pasado. Según las fuentes, el factor de optimismo surge en que la detección se produce en zonas cercanas a una de las áreas de búsqueda de la embarcación pero además el tamaño del “objeto” detectado podría coincidir por la escala con la del velero extraviado. Se aguarda mejorar la resolución de las tomas.

Todo esto que se informó en Julio de este año que ya finaliza, no ha tenido confirmación de ningún tipo. Lamentablemente ha pasado más de un año y nunca se hallaron objetos del barco perdido salvo una balsa de emergencia sin el piso rígido. Se cree que este piso pudo haber sido quitado por los navegantes  para hacer señales de luz o ser captados por algún radar.

Hay que recordar que el Tunante II salió de San Fernando en Buenos Aires el 22 de agosto de 2014 y su destino era Río de Janeiro, un periplo bien conocido por los navegantes y bastante común para los regatistas. Estaba bien preparado para el viaje y sus tripulantes tenían experiencia náutica probada con este velero de 40 pies de eslora, esto es unos 12.40 metros de largo, un solo mástil con un juego de velas muy versátil, motor auxiliar, equipos electrónicos de navegación y teléfonos individuales con conexión satelital. Pero tras pasar La Paloma en Uruguay, encararon una tormenta con olas entre seis y ocho metros frente a tierras brasileras tal cual lo comunicaron ellos mismos. Allí se declararon en emergencia tras la pérdida del mástil y su velamen, el motor y de a poco se quedaron sin baterías ni radio. Todo ello no implicó que estuvieran desconectados ya que dos días después se activaron dos de los teléfonos satelitales que seguían enviando señales.

A partir de entonces los sistemas de pronta alerta fueron activados por las autoridades navales brasileñas y argentinas con intensas búsquedas, pero nunca más hubo rastros concretos del barco

De todos modos ante episodios como estos, mientras existe la esperanza los familiares han seguido luchando denodadamente mediante la solicitud de informaciones y acciones a las autoridades tanto argentinas como brasileñas dado que aparentemente el episodio mas grave tal como se presume ocurrió frente a las costas de Brasil a la altura de Río grande. Lamentablemente, repito, hasta ahora solo hay datos aislados y ninguno ayuda a conformar cuando menos una hipótesis de lo que sucedió.

Ha transcurrido mucho tiempo pero nunca se sabe hasta donde la certeza de las hipótesis pueden ser tomadas como referencias válidas. Solo queda la esperanza.

Muy diferentes son los casos que siguen. Dos trabajadores portuarios de la Empresa River Shipping en el puerto San Martín, situado al norte del Gran Rosario se consideraban como “desaparecidos” con la consiguiente consternación de los familiares y compañeros de trabajo. El lanchón en que viajaban junto a otros 6 trabajadores parece que zozobró debido a una tormenta casi sorpresiva que contenía ráfagas de viento que se calcularon como cercanas a los 90 o 100 kilómetros por hora. Prefectura Naval logró rescatar a 6 de los de los náufragos mientras los otros dos no fueron hallados y se especula que dado el temporal fueron arrastrados por la corriente del río Paraná, embravecida a su vez por la velocidad del viento. Ello no solo imposibilitó el posible rescate sino también la búsqueda.

El otro caso es tan significativo como lo relatado hasta ahora y sorprendió a toda la comunidad náutica. Un velero sin tripulante aparejado solo con un foque (vela de proa), motor principal, instrumentos de navegación e incluso eco sonda todos encendidos fue hallado en el Río de la Plata prácticamente frente al aeropuerto metropolitano. Estaba varado, según las fuentes y los denunciantes, entre la Plazoleta Puerto Argentino y el ingreso al amarradero.

Tras la denuncia dos embarcaciones de prefectura se dirigieron al lugar y abordaron la nave en la que todo se hallaba en perfecto orden tanto en su cabina como en su cubierta.

El velero fue identificado como el Norte II con una eslora (largo) de ocho metros propiedad de Martín Villafañe de cuarenta y dos años.

La noticia excedió el ámbito náutico y algunos títulos de notas periodísticas no vacilaron en denominar el caso como el de un “barco fantasma”. Aunque a muchos no les pareció bien la designación, tal denominación coincide con la definición que dan quienes se ocupan, trabajan o investigan estos hechos a los que rodea el misterio.

El tema como tal sorprendía a todos: El dueño del barco había salido a navegar en solitario justamente ese día que era el de su cumpleaños. Salió a navegar cerca de mediodía y alrededor de las cinco y media de la tarde se comunicó con su familia para decir que todo estaba bien. Luego pasó la tarde y llego la noche y el navegante no regresó a su casa. Su esposa y tres hijos lo esperaban para festejar su cumpleaños. Ante tal situación se dio parte a la policía. En el ínterin el barco fue hallado vacío y sin desorden alguno. Además no había ningún cuerpo a su alrededor.

Prefectura Naval destacó dos guardacostas un gomón semirrígido y patrullas terrestres. Se sumó más tarde un helicóptero.

El cuerpo, sin vida, fue hallado dos días después arrastrado por las aguas en zona de Berazategui. La justicia se hizo cargo de la investigación e incautó la embarcación. No hay noticias todavía sobre como pudo ocurrir el hecho aunque la versión más simple dice que el navegante pudo caerse de la embarcación y no haber tenido puesto el arnés de seguridad que lo conecta al barco y que incluye chaleco salvavidas. Esto como norma fundamental cuando se navega en solitario. Hay testigos que lo vieron navegando “tranquilo” en un día sin mucho viento y con un aparejo reducido.

El hecho es que se perdió una vida y en circunstancias que pueden o no ser extrañas. La observación más certera sigue siendo la que objeta que no tenía el arnés ad hoc que lleva la llamada “línea de vida” la que el protocolo considera que debe ser de corta longitud para evitar caer del barco al agua.

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