A 30 años de la muerte de Mary Welsh Hemingway.

El 26 noviembre se cumplen 30 años de la desaparición física de Mary Welsh Hemingway. Para ese entonces su vida había cambiado sustancialmente y aunque tuvo la potestad de aparecer como la albacea de Ernest Hemingway la polémica familiar y su entorno fue intenso.

Yo diría que hay tres partes en esta breve nota: La primera es describir quien fue esta mujer en su vida anterior a la aparición de Hemingway. La segunda parte la situaría como ¿Qué pasó y no pasó durante el matrimonio? Y la tercera es obvia, ¿Qué hizo o podía hacer tras la muerte- suicidio- del escritor?

Mary Welsh nació en Minnesota Estados Unidos el 5 de abril de 1908 en una  familia modesta y en un medio modesto. Desarrolló su carrera académica en la Universidad Northwestern y a los 30 años se casó con un compañero de estudios y conformó una relación que duró poco. Luego de ello se fue a trabajar a Chicago y más tarde ganó una posición en Londres en el Daily Express ya en la segunda guerra mundial, Si bien estuvo también en París, cuando esta ciudad cayó en poder de los nazis regresó a Londres. Por esa época conoció y se casó con un colega australiano Noel Monks, relación que como la anterior tampoco fue muy duradera. En 1944 en medio de los bombardeos, cohetes V2, y corresponsales de guerra, encontró a uno muy especial: Ernest Hemingway. Como no podía ser de otra manera intimó con el lo suficiente como para que ambos se unieran en matrimonio en Cuba en 1946, divorcios mediante. Para Mary era su tercer matrimonio y para Ernest el cuarto. Ambos vivieron y   compartieron los afanes de la vida hasta el suicidio del escritor. Hasta aquí la primera parte.

La segunda fue el matrimonio en si mismo. Hace poco se filmó, difundió y criticó no muy positivamente  una película que intentaba  reseñar la vida de Hemingway y su tercera esposa Marta Gellhorn. La película se vendía, o mejor dicho se vendió, como una “relación tormentosa”. No tuvo gran éxito y los especialistas se encogieron de hombros como frente a otras películas con o sin Hemingway. En el caso de la vida con Mary y en especial en los últimos años, la relación que también podría dar para una película, podría calificarse de la misma manera como “tormentosa” agregándole otros adjetivos no menos significativos. Sin ninguna duda que el Hemingway de Gellhorn no es el de Mary.

Además hay que destacar que median 15 años entre su matrimonio y la muerte de Hemingway. Pero los últimos 5 a 7 años son trágicos. A Mary le “tocan” por decirlo burdamente, los accidentes aéreos en Africa, un accidente en auto, la bebida, siempre la bebida. Un mundo inhóspito para un Hemingway sin paciencia que  va perdiendo el motor de su vida: la escritura. El hombre de la disciplina espartana, se encamina a su desfiladero de Las Termópilas. No entregará sus armas, tampoco se rendirá. Se matará el mismo porque si “…no puedo vivir como los animales que he matado, no deseo vivir…”.

En este contexto Mary es testigo de lo bueno y de lo malo y debe aguantar presiones internas y externas, familiares y extra familiares con un Hemingway cada vez más enfermo, más agresivo y más incompresible para ella y para todos, aún cuando esos “todos y cada uno” tengan una “teoría” de la situación.

Sobreviene la internación en la Clínica Mayo y los para muchos innecesarios “choques eléctricos” que no benefician, para nada al enfermo. Hasta Marta Gellhorn opina desde afuera como lo hace notar Jeffrey Meyers en una apuntada biografía (de la cual ignoro si hay traducción al español). Mientras tanto Ernest y Mary se refugian en la casita comprada en 1959 en Ketchum, Idaho. En la madrugada del domingo 2 de julio de 1961, una explosión sobresaltó a Mary. Cuando bajó de su dormitorio, Hemingway ya tenía el cráneo destrozado y no sufría más los dolores físicos y espirituales de este mundo.

La tercera parte es Mary pos Hemingway y acá si hay datos, interpretaciones, juicios, opiniones y todo lo que se pueda imaginar en torno al que ya era un mito en vida, que ahora estaba muerto. Todas las voces se escuchan hasta hoy mismo sin distinción de calibre, sobre el suicidio del escritor. ¡Los que lo precedían y los que lo seguirían! Esto era solo uno de los “temas” del corrillo. Pero además estaba Mary y diría que nadie se olvidaba de ella… para bien o para mal. Diversos adjetivos la acompañarían hasta después de muerta.

Yo estuve en Octubre de 1961 en Nueva York. Allí también escuché sobre Mary. No pude entrevistarla. Nadie supo decirme donde se hallaba. Con el tiempo fui tomando conciencia de todos los temas que faltaron hablar en ese 1961. Por ejemplo las negociaciones sobre Finca Vigía, el material que se hallaba en el banco y que parece que Mary rescató a cambio de la Finca. Solo ella y Hemingway sabían lo que allí había. Luego el ariete cubano usando el nombre de Hemingway, Finca Vigía, el Floridita y otros lugares que frecuentaba el escritor como  demostración antinorteamericana. A su vez Mary donando “La macía” de Miró sobre la que ya algo escribimos a propósito de un libro singular y a la vez hablando con Scribner sobre “algunos” borradores que cuando tomaron forma fueron libros como “Fiesta”, “Islas en el Golfo” “El jardín del edén” y otra vez la polémica sobre las consiguientes rentas económicas que ellos representaban considerando además su traducción. Otro tema no menor fue el derecho al uso del apellido Hemingway, en ropa, cañas de pescar y  armas, ¿A quien pertenecía? Cuestiones jurídicas sin duda que motivaron arduas gestiones.

Toda la documentación disponible a veces habla o a veces insinúa pero señala las discusiones sobre lo que Hemingway dejó en términos de valor económico. La herencia literaria es otra cosa y pareció hallarse lejana, pero reconocible y respetada.

Por fin Mary Welsh vivió un tiempo en Ketchum. Tengo entendido que a la fecha esa propiedad es patrimonio histórico y que van a hacer allí un museo que recoge objetos y la historia del escritor. Luego con todo el caudal de recuerdos se radicó en Nueva York y escribió su autobiografía “How it was” que fue de utilidad para los investigadores de la vida de Hemingway. Diez años después y con un cáncer que  había minado su organismo, el 26 de noviembre de 1986 falleció en el hospital en que estaba internada. Por pedido expreso de ella, su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Ketchum, muy cerca de donde reposa el de Ernest Hemingway.

Escribo esta nota con cierta reminiscencia y respeto por el tiempo que pasó. Quizás hubo posibilidad de conocer a esta mujer para hablar sobre “El Viejo”, pero la oportunidad no fue propicia.

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