HEMINGWAY: UN CUENTO INEDITO SE PUBLICA EN “THE STRAND MAGAZINE”

La tapa del Strand Magazine y el anuncio en ella del cuento inédito “A room on the garden side”.

Es un autodesafío permanente. Persiste en ello. Es su propio combate más allá de las líneas de batalla que siempre frecuentó. Es su propia pelea y vaya sino ¡Su propia guerra! Ernest Miller Hemingway aparece otra vez en las noticias. Aparece como si estuviera escribiendo ahora y le avisa a Scribner para que lo sepa.

Como lo expresé más de una vez este prolífico Hemingway póstumo se muestra liso y llano para que lean sus textos. Lo hace para con sus seguidores y con sus críticos. ¡Unos y otros no son pocos!

Por eso los titulares lo dicen, lo anuncian como ‘Un cuento inédito de Hemingway’ o ‘Un cuento desconocido de Hemingway’. Se trata de “A room on the garden side”(Una habitación al lado del jardín”). Los especialistas sabían de su existencia pero no se había publicado. El cuento está escrito en primera persona y a lápiz (¿Habrá sido un Faber n°2 con goma de borrar en el extremo?) en 15 páginas (¿Será de aquel papel fino como papel biblia?) Consta de 3000 palabras (algunas versiones hablan de 2100). Es de agosto de 1956 y se informa que le había expresado a Charles Scribner Jr, su editor y amigo que había escrito cinco. Hasta este momento sólo “Black ass at the crossroads” se había publicado. Los otros tres son “Indian country and the White army”, “The monument” y “The Bubble reputation”. Las  diferentes fuentes no hablan sobre estos últimos tres.

Kirk Curnutt es un miembro de The  Hemingway Society,  y profesor de inglés en la Troy University en Alabama. En principio, parece que fue este profesor e investigador quien rescató el relato de Hemingway e identificó el texto como original del autor. Además, escribió un epílogo a la publicación. Curnutt trabajaba con documentación archivada en la Biblioteca  Kennedy.

El manuscrito de “A room on the garden side” se hallaba en la riquísima documentación que posee el archivo sobre Hemingway en la Biblioteca John Fitzgerald Kennedy en Boston, Estados Unidos de Norteamérica. Allí  estuvo por algo más de seis décadas y ahora sale a publicación informándose también que todos los cuentos tratan de una u otra manera sobre la Segunda Guerra Mundial. Curnutt no solo legitima el texto sino que identifica los temas que frecuentaba Hemingway en sus escritos.  Se halla impactado como muchos que la noticia haya estado en la primera página del New York Times (3 de agosto de 2018- con el texto “Print It ‘After I’m dead’: A Hemingway war tale” / “Imprímelo luego que yo esté muerto”:Un relato de la guerra de Hemingway”). Curnutt explica que en este momento los investigadores se hallan involucrados en el centenario de los trabajos de Hemingway de la década del 20 y tempranamente del 30 y que por lo tanto hay probablemente más oportunidades para que nuevos textos sean publicados.

En el caso de este relato en particular aparece en escena un alter ego de “Papa”, un tal Robert  que a la vez comparte el mismo apodo: “Papa”. Apenas liberado París, el dialoga con informales de la resistencia francesa acerca de la guerra y sus afanes, los sacrificios de los soldados y carga de emotividad el relato citando a Baudelaire y su “Flores del mal”. Todo ello a la vez que lo relaciona con los cambios producidos por la guerra en el París ocupado por las tropas nazis y se pregunta hasta donde llegan esos cambios y si permanecen o no.

Hemingway ambienta el diálogo en un lugar muy conocido por él como es el hotel Ritz de París. La leyenda desmentida por la mayoría, pero consagrada como tal, permanece en el imaginario como que Hemingway “liberó al Ritz” ocupado por los nazis.

Pero hay detalles  que le dan el toque esencial a esa leyenda. En el relato aparece un personaje, Charles Ritz, hijo de los dueños del hotel que se formó en Estados Unidos y regresó a su tierra. Charles, un exquisito de la época, fue amigo de Hemingway y su relación nació con una afición en común: La pesca de altura. De esta manera ese punto en común llevó a generar una relación, según la historia, de mutuo aprecio y admiración. Y atención a esto, Charles era tan afecto a la pesca deportiva que bautizó al famoso restaurant del Hotel “L’Espadon” (pez espada) en recuerdo del pez objeto de sus afanes deportivos. ¡Cómo no se iba a llamar “Hemingway” el bar que frecuentaba el escritor, gran pescador de altura y afecto a la calidad de los Martinis que allí se facturaban (y que se siguen facturando)! Además hay que agregar a esto, que ostentaba el Premio Nóbel de Literatura, que era un hombre del arte y la estética en general y que su fama de persona-personaje trascendía fronteras. Por último, hay que recordar que en las bodegas de ese hotel se hallaron y se devolvieron al escritor dos baúles que consideraba perdidos. En esos baúles había textos, pero es otra historia. Es una historia que Hotchner, amigo y biógrafo de Hemingway cita mencionando un almuerzo con Charles Ritz en el que participó y que Ritz tenía los baúles en su oficina. Ahora bien no se trataba de cualquier equipaje. Allí estaba el llamado “The library trunk”, un baúl diseñado por Gastón Louis Vuitton en 1927 para Hemingway, un especie de baúl escritorio con espacio para una máquina de escribir y algunos pequeños cajones secretos. Como siempre, se trata de París ciudad amada por el escritor. Las coincidencias exageradas muestran que también en París y en este mismo año se desarrolló el encuentro bianual “XVIII International Hemingway Conference” organizado por The Hemingway Society y tuvo como institución huésped a “The American University of Paris. La oportunidad fue única para hablar de este acontecimiento heminguayanao.

El cuento, se podrá leer en  “The Strand Magazine” por ahora en la versión en  papel y no online. A propósito de esta revista, dos palabras sobre este tema.

En primer término hay que decir que según las fuentes consultadas la autorización para la publicación del cuento surge de la Fundación Hemingway a cuyo cargo está el manejo del archivo que es donde se hallaba el original del texto.

Lo segundo es la elección del medio de publicación. Esta elección no es arbitraria y le hubiera gustado al mismo Hemingway.  The Strand magazine, es una antigua y prestigiosa revista británica fundada en 1891 que llegó a publicarse hasta 1950. Medió una interrupción de 48 años para que The Strand volviera a aparecer y mantuviera el estilo de contenidos que lo caracterizó. Así, reapareció en 1998. Pero esto no es todo. La revista se caracterizó por publicar cuentos relatos de ficción de algunos autores como Conan Doyle y su Sherlock Holmes y también de HG Wells, Agatha Christie, E. Nesbit, R.Kipling, George Simenon, E. Wallace y sigue una larga secuencia de nombres ya famosos. También en ella se publica un texto de Winston Churchill. Reconocida también por sus crucigramas, la revista reapareció en 1998 y continuó el estilo de los relatos de ficción y así escribieron en ella, entre otros, Mortirmer, Bradbury, Rendell y sigue la lista de talentos literarios más cercanos a esta época. La foto de la tapa que se adjunta agrega, a esa larga lista de talentos, el nombre de Hemingway. Según la información disponible,  la publicación fue un trato o convenio en el que participaron la Fundación Hemingway, Scribner y The Strand Magazine.

Andrew Gulli, editor jefe del Strand desde hace 18 años escribió en el editorial sobre el cuento de Hemingway pero además destacó el significado de incluir una “joya” como Hemingway en la lista de notables que publica la revista. No hay que olvidar que el Strand vivió situaciones similares hace no muchos años. Solo como referencia hay que mencionar la publicación de textos inéditos de autores como Mark Twain, Scott Fitzgerald,  Steinbeck, Heller, Tennessee Williams, Connelly, Stine , Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Es decir todo un lujo literario con este abanico de estilos y épocas de las letras universales.

Por último, mucho puede decirse de lo que se ha publicado en estos días.  El extremo es la confesión a Scribner, aquel gran y sabio amigo a quien junto a Perkins, Hemingway dedicara “El viejo y el mar”. Hablando de los textos de estos cuentos, un tanto duros según el escritor, este agrega – como un extraño hálito de su propio futuro: “…siempre puedes publicarlos después de mi muerte.” Esto escrito en el 56, ¿Qué y cuanto quería decir? ¿Cuánto quería anunciar o anticipar o advertir? ¿Cuánto mal, enfermo se entiende, ya se sentía?

Hablamos de agosto de 1956. Hemingway regresa a Finca Vigía y sigue trabajando. Luego en 1959 vuelve a Europa. Va a cumplir y a festejar sus 60 años. Pero ya el deterioro es demasiado visible y casi podría decirse, profundo.

Por ahí se habla de la guerra como si fuera su musa. La guerra fue una fuente inacabable de información y de historias para casi todos sus escritos. Quizá su musa, por lo menos en estos momentos, fue otra. Hay una carta, justamente de 1956, en la que ella le dice que ya no se verán más. Es posible, solo posible, que no solo los accidentes de aviación y el permanente descuido de su salud física hayan iniciado su declinación. Dentro de esta especulación vale pensar, siempre como hipótesis, que esta tan mentada declinación, tan anunciada, se haya disparado antes cuando la vida, simplemente la vida cotidiana, le mostró las pocas cartas que habían quedado, de un mazo que se agotaba y comenzó a advertirle que ya no tenía más para jugar.

Este homo literario siguió escribiendo y lo hizo como un desafío. Prueba de ello es la cantidad de publicaciones póstumas, escritos varios, cartas que se hallan en distintos lugares. Cuando digo distintos lugares puedo mencionar a Boston, Finca Vigía, Key West, Bimini, Madrid, París, Pamplona, Venecia. ¿Puede faltar alguno? Es posible. ¿Kenia, por ejemplo?

Si hubo una virtud es que Hemingway nunca dejó de escribir porque era la medida de su vida. Era la vara, metro patrón, de lo que iba y de lo que no iba. Cuando observó que el metro patrón ya no le servía puso fin a su vida. El cuento que ahora se publica, uno de cinco, fue escrito en 1956, 5 años antes de su muerte y algo le dijo a Scribner sobre ella. No obstante, siguió escribiendo. Aún sin publicar, siguió en acción. “El hombre no está hecho para la derrota” dijo por allí. Y es cierto. Hay que combatir, hay que seguir hasta el momento postrero. Esa es la lección. No hay que olvidarla. Sigue vigente.

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